Diciembre 16 de 2009

2009: Tambores de guerra

La desconfianza, las diferencias ideológicas y el acuerdo de cooperación militar colombo-estadounidense, llevaron a Colombia y Venezuela a su peor crisis.

Pocos hechos marcaron el 2009 como la crisis de las relaciones entre Colombia y Venezuela. Aunque los dos países han atravesado momentos difíciles en el pasado, nunca habían llegado a una situación de conflicto como la que se produjo durante el segundo semestre del año que termina. Las instrucciones a un grupo de generales para "prepararse para la guerra" contra Colombia, que Hugo Chávez dio en una ceremonia pública el 8 de noviembre, jamás las había dado presidente alguno en 22 años, desde cuando la presencia de la corbeta Caldas en aguas no delimitadas del Golfo de Venezuela  llevó a la movilización de tropas en la frontera.

A partir de ese día, las cosas no pararon de empeorar. Las provocaciones verbales de Chávez se multiplicaron y no fueron respondidas por el presidente Álvaro Uribe, pero sí por sus ministros de Defensa, Gabriel Silva, y de Relaciones Exteriores, Jaime Bermúdez, en tono más discreto pero siempre contrapunteadas por reacciones agresivas en el otro lado de la frontera. El 19 de noviembre, el mandatario venezolano ordenó bombardear dos puentes peatonales en el estado del Táchira, cercanos a la frontera con Colombia.

El comercio binacional, que en 2008 había llegado a un nivel histórico de casi 7.000 millones de dólares, se desplomó. Los dos países buscaron aliados internacionales y Colombia acusó a Venezuela ante la OEA y el Consejo de Seguridad de la ONU, mientras Venezuela llevó el tema a Unasur y al Alba, y también a las Naciones Unidas. La tensión, las agresiones verbales y el clima conflictivo preocuparon a otros países: Brasil y España expresaron sus intenciones de servir como mediadores, y el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, hizo un llamado a la cordura. Nunca Colombia y Venezuela habían vivido una situación semejante. Paradójicamente, 2009 comenzó con vientos esperanzadores en las relaciones. El año anterior había sido crítico, tras el bombardeo al campamento de "Raúl Reyes" en Ecuador,  que  llevó al retiro del embajador de Venezuela en Bogotá  durante 17 meses. Uribe y Chávez dieron muestras claras de llevar a la práctica sus intenciones de 'relanzar' las relaciones. Se encontraron en Cartagena el 24 de febrero, y en Caracas el 13 de abril, en ambientes de cordialidad, abrazos y declaraciones sobre la amistad y el ánimo de cooperación entre los dos gobiernos. Chávez anunció la compra de 10.000 vehículos colombianos, suspendida hasta entonces, firmaron acuerdos en materia energética, y hasta hablaron de la posibilidad de llegar a un acuerdo de delimitación de las aguas en litigio. Más importante aún fue la frase de Chávez según la cual "Venezuela no apoya ni apoyará movimientos armados y violentos en Colombia".

El de Caracas fue el encuentro número 13 entre los dos mandatarios, cuyo trato se ha caracterizado por sobresaltos y altibajos. La captura en 2005 de 'Rodrigo Granda' en la capital venezolana, y la suspensión por parte de Uribe de la mediación de Chávez para la liberación de secuestrados de las Farc en 2007, generaron las peores crisis de los siete años en que han coincidido los dos presidentes en el poder, pero ninguna fue tan grave, ni tan peligrosa, como la del segundo semestre de este año.

El motivo del conflicto en esta ocasión fue la firma de un acuerdo de cooperación militar  entre Colombia y Estados Unidos. Chávez reaccionó indignado, con el argumento de que detrás del pacto estaba la intención del Imperio de atentar contra la revolución bolivariana. Su paranoia frente a Estados Unidos ha ido creciendo desde el supuesto apoyo de ese país al golpe de Estado que lo mantuvo fuera del poder durante 72 horas el 11 de abril de 2002. Para el Gobierno colombiano, el acuerdo no es más que la profundización de una cooperación de larga data para combatir el narcotráfico y el terrorismo. La llegada de Barack Obama a la Presidencia puso en peligro la 'relación especial' que había construido con George W. Bush: la nueva mayoría demócrata congeló el TLC, abrió un debate sobre la vigencia de los derechos humanos en Colombia y cambió el énfasis en la lucha contra el terrorismo de la era Bush. El nuevo escenario apuntaba a la disminución de la ayuda para el Plan Colombia, en especial en su componente militar. En ese sentido, la propuesta colombiana del acuerdo de cooperación militar -importante para Estados Unidos después del cierre de la base ecuatoriana de Manta, en septiembre-, era una manera de mantener la cercanía con Washington.

Por otra parte, el Gobierno colombiano considera que el régimen bolivariano colabora con las Farc y el Eln. En julio, denunció que había decomisado a la guerrilla armas suecas compradas por el Ejército de Venezuela, y el ministro de Defensa Gabriel Silva ha insistido en la presencia de jefes guerrilleros en ese país. Una alianza con el primer Ejército del mundo podría disuadir a Chávez de apoyar a la guerrilla y mantenerlo a raya.

El panorama es muy complejo. El presidencialismo que Uribe y Chávez le imponen al manejo de  las relaciones exteriores, ha marginado a las cancillerías, las embajadas y las comisiones que durante años manejaron los asuntos bilaterales. Así las cosas, no hay mecanismos bilaterales de entendimiento y diálogo, y todo depende de las complejas relaciones y animadversiones personales de Uribe y Chávez, que tras unos años de altibajos están en su peor momento. Pero la desconfianza es mutua y cada uno cree que el otro es aliado de su peor enemigo: para Uribe, Chávez ayuda a las Farc, y para Chávez, Uribe es aliado del Imperio que quiere derrocarlo. Un legado de 2009 que crea un panorama diplomático crítico para Colombia en 2010.

Por Rodrigo Pardo,
director de CAMBIO.

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