Mientras que Estados Unidos trata de unir a los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (China, Estados Unidos, Francia, Rusia y Reino Unido, más Alemania) en torno a una posición única para presionar el desmonte del programa de desarrollo nuclear de Irán, el país islámico busca llegar fortalecido a las negociaciones de este jueves en Ginebra (Suiza), tras la revelación de un segundo centro de enriquecimiento de uranio que se mantenía secreto y el lanzamiento de misiles de mediano alcance, apenas tres días antes de la cita.
En toda esta situación de grave tensión hay varios intereses, no solo de orden estratégico, sino políticos y económicos, en los que grandes potencias, incluidas Rusia y China, tienen mucho que opinar, e incluso perder.
Aunque el reto planteado por Irán con el lanzamiento de un misil Ghadr-1, una versión mejorada del Shahab-3, y de un misil Sejil de dos pisos a combustible sólido son una advertencia directa a Israel, cuyo territorio está situado a unos 1.000 kilómetros, otros países también están preocupados, pues las ansias de poder militar y nuclear demostrados por el régimen de Teherán los pone en potencial peligro.
En primer lugar se encuentran Rusia y algunas ex repúblicas soviéticas que ahora son sus aliadas, como el caso de Kazajistán, pero también Europa, pues Irán está trabajando en misiles que tienen capacidad de llegar hasta una distancia de 4.000 kilómetros, como lo dijo a la agencia de noticia rusa Interfax el general Vladímir Dvorkin, del Centro de Seguridad Internacional del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de Moscú.
En este panorama, aunque inicialmente el territorio de Estados Unidos no esté en peligro, sí se constituye en el principal protagonista de unas negociaciones que buscan bajar la tensión nuclear para sus aliados y socios, ante la amenaza de países considerados 'enemigos' de Occidente, como el caso de Corea del Norte e Irán.
Según le dijo a CAMBIO Pío García, coordinador de Estudios Asiáticos de la Universidad Externado de Colombia, en el Próximo y Medio Oriente "hay una política armamentista muy avanzada, que se suma a las intervenciones estadounidenses en Irak y Afganistán, por lo que Irán está en una carrera contra el tiempo para acumular poder y presionar por una política de mayor control y autodeterminación".
De otra forma no se podría explicar que con pocos días de diferencia y a menos de una semana de las negociaciones nucleares -que no se han realizado desde hace 14 meses- se divulgue la existencia de una planta secreta de enriquecimiento de uranio iraní y ese país lance los misiles.
Pero así como Rusia tendrá un papel principal en las negociaciones, dados los riesgos que su extenso territorio podría enfrentar con la nueva tecnología de misiles iraní, China también desempeñará un papel fundamental dado que tiene el poder de veto ante posibles sanciones comerciales, financieras o un embargo en las exportaciones de petróleo.
Esto en razón a que China e Irán tienen un intercambio comercial de un poco más de 100.000 millones de dólares anuales, y las inversiones de la potencia asiática en la nación islámica están en varios sectores clave para los dos países.
Además, como lo indica el analista del Externado, China es el principal proveedor de gasolina de Irán, que no cuenta con la suficiente capacidad de refinación para el consumo interno.
Por lo pronto, y ante la nueva doctrina de la Casa Blanca de buscar consensos, el presidente Barack Obama también está tratando de buscar el apoyo de India y Pakistán, dos grandes de la región, y reenfocando la misión y estrategia del escudo antimisiles planteado por la anterior administración de George W. Bush, con el objetivo de presentarlo no como una amenaza contra Rusia, sino como una defensa frente a Irán.