Llegada sorpresiva y dramática de Manuel Zelaya a Tegucigalpa cambió el panorama a su favor

Foto: AFP

(Página 1 de 2)

Incierto, por decir lo menos, luce el futuro de Honduras, luego de que el espectacular regreso el lunes del depuesto presidente Manuel Zelaya le dio un giro inesperado a la historia. Un cambio que, sin embargo, no era suficiente para revertir la situación y reinstalarlo en el poder.

El golpe mediático con el que Zelaya retornó a Honduras tras dos intentos fallidos -uno al intentar aterrizar en la bloqueada pista del aeropuerto Toncontín de Tegucigalpa; y otro cuando desde Nicaragua cruzó la frontera unos cuantos metros bajo riesgo de ser detenido-, se empezó a cocinar muy temprano, cuando empezaron a surgir versiones de medios de comunicación hondureños afines sobre su inminente regreso.

Luego fue la masiva señal de Telesur la que puso a circular el rumor, que empezó a volverse carne cuando el presidente Hugo Chávez anunció, desde Venezuela y en un acto televisado, que Zelaya ya había regresado. Chávez, incluso, conversó con él por teléfono desde Honduras. En ese momento comenzó la movilización de miles de seguidores de 'Mel' (por Manuel), ya que canales y emisoras aseguraron que el político se encontraba en la sede de Naciones Unidas.

Mientras esto sucedía, un sonriente Roberto Micheletti, como presidente de facto, decía a los medios que tenía pruebas de que Zelaya se encontraba en una suite de un hotel de Managua, y que todas las noticias no eran más que "terrorismo mediático". No pasó mucho tiempo desde que un portavoz del organismo mundial negara que estuviera en su sede, cuando en varias capitales latinoamericanas se insistió en la versión de su regreso a Tegucigalpa. Esto, hasta que el rumor llegó hasta la embajada de Brasil, donde finalmente Zelaya entró, se tomó fotografías, respondió entrevistas, convocó a sus seguidores a rodear el edificio para 'protegerlo', habló de diálogo con el gobierno de Micheletti y saludó desde la terraza. En fin, hizo proselitismo, en una actitud que debió poner con los pelos de punta a la diplomacia brasileña, tan tradicionalmente moderada y poco amiga de los escándalos.

Por supuesto, lo sucedido extrañó a analistas y puso a pensar en el papel que habría jugado Brasil en el regreso de Zelaya. Itamaratí (sede de la Cancillería brasileña) se desmarcó. Según se explicó, en los hechos no tuvieron que ver ni el presidente Luiz Inácio 'Lula' da Silva ni su canciller Celso Amorim, apostados en Nueva York para intervenir en la Asamblea de la ONU. "El hecho de que él haya entrado (Zelaya) no significa de ninguna manera que Brasil lo haya incentivado", dijo la jefe del gabinete, Dilma Roussef.

"Brasil fue tomado por sorpresa", explicó el jefe del Departamento de América Central y el Caribe de la Cancillería, Gonçalo Mourao, al ser interrogado por el Senado. Según explicó el funcionario, la esposa de Zelaya, Xiomara Castro, se presentó en la embajada y le informó al encargado de negocios, Francisco Resende, que su marido "estaba cerca" y pedía ser recibido. Resende se comunicó con Amorim, y este a su vez con 'Lula', quien dio la luz verde. A los pocos minutos apareció en la puerta de la legación. "Se materializó", dijo el diplomático. Zelaya dejó en una posición incómoda a 'Lula', pues si bien es cierto no podía negarle protección, su idea no era quedar en el centro del problema.

Ahora, no es claro si en la realidad sucedió lo que Zelaya había planeado. Es de suponer que tras un golpe mediático de este calibre, y con la campaña de expectativa generada por Chávez y por los gobiernos amigos, 'Mel' esperaba, quizás, un levantamiento popular que tumbara a Micheletti o que las fuerzas armadas le quitaran su apoyo. El miércoles ninguna de las dos cosas había sucedido. Lo que podría darle la razón a algunas encuestas que insinúan que Zelaya no es tan popular como pregonan sus países más amigos.

Es más, su causa pasó a segundo plano en los medios de comunicación por la polémica diplomática desatada entre el gobierno de facto y Brasil: Micheletti fustigó a Brasil por recibir a Zelaya, lo responsabilizó de las situaciones de violencia que esto podría generar y exigió que lo entregara a la Justicia o le diera asilo. Brasil, por su parte, protestó por el atropello que a su juicio significó el desalojo por la fuerza de los miles de seguidores de Zelaya congregados en los alrededores de la embajada, puso el caso a consideración del Consejo de Seguridad de la ONU para lo que pidió una reunión urgente, y advirtió que no toleraría una violación de la inmunidad diplomática de su sede, que está protegida por acuerdos internacionalmente reconocidos, como la Convención de Viena.

Medidas efectivas

Zelaya reconoció lo mucho que había hecho hasta ahora Estados Unidos, pero le pidió "medidas efectivas" para revertir el golpe en "un par de minutos", mientras la OEA, que impulsó la mediación del presidente costarricense Óscar Arias, lucía maniatada, no solo porque su secretario general no puede aterrizar por el cierre de los aeropuertos, sino porque, técnicamente, Honduras se retiró del organismo.

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