Llegada sorpresiva y dramática de Manuel Zelaya a Tegucigalpa cambió el panorama a su favor

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Micheletti gana tiempo, que es lo que ha hecho desde que el golpe lo instaló en el poder hace casi tres meses. El martes propuso que aceptaría negociar si Zelaya reconoce explícitamente el resultado de las elecciones del 29 de noviembre. Una apuesta muy alta y desventajosa para el depuesto mandatario. Por lo pronto, y acostado en un sofá de la embajada, Zelaya esperaba, sin agua, sin electricidad y con pocos alimentos, que la presión internacional rindiera algún fruto. Pero es claro que, al menos este momento de efervescencia y calor, ya lo perdió. Al menos por ahora.

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