Zapatazo millonario

Luego de su liberación, el periodista fue recibido como héroe y en medio de una gran fiesta. Foto pequeña: Momento en que al-Zaidi le lanza su zapato a Bush. Foto: AFP y Archivo Cambio

El lanzamiento de unos zapatos, talla 43 según un chiste, bien podría ser el más rentable de la historia. El 14 de diciembre de 2008, un reportero común y corriente llamado Muntazer al-Zaidi se convirtió en héroe para el mundo árabe por tirárselos al entonces presidente del país más poderoso del planeta, George W. Bush. Esta semana, Al Zaidi salió de la cárcel en medio de vítores, aplausos y corderos que fueron sacrificados en su honor. Y, además, se fue cargado de propuestas de trabajo en otros países e invitaciones para que se lance a la política, promesas de lujosos carros y apartamentos, caballo con montura de oro y hasta las llamadas de un par de millonarios jeques árabes que quieren casarlo con sus hijas.

Al Zaidi nació hace 30 años en Nassiriyah, a 350 kilómetros al sur de Bagdad, y comenzó a trabajar, en 2005, en el canal de TV satelital Al Bagdadiya, con sede en El Cairo. Viene de una familia chií de clase media y, a partir de la invasión de Irak liderada por Estados Unidos, en 2003, todo cambió para él. Sus hermanos entraron en las milicias del Ejército Al Mahdi, fiel al clérigo radical Muqtada al-Sadr y que luchan contra la ocupación. Uno de ellos, el mayor, murió en 2005. El otro, a mediados de 2006.

Sus más cercanos amigos, citados por medios internacionales, han dicho que Al Zaidi no pudo soportar la pérdida de sus familiares y que eso lo sumió en una profunda depresión y lo volvió vengativo. Ese 14 de diciembre, Bush daba su última conferencia de prensa en Bagdad con el premier iraquí Nuri al-Maliki y, de un momento a otro, tuvo que poner a prueba sus reflejos cuando Al Zaidi quiso pegarle con sus zapatos en la cabeza. "¡Este es el beso de despedida, perro asqueroso!", gritó el osado periodista. Sin embargo, las dos cosas -lanzar los zapatos y llamar perro a alguien- son considerados graves insultos en la cultura árabe y, tras un polémico juicio, Al Zaidi fue condenado a tres años de cárcel por "agresión contra un jefe de Estado extranjero en visita oficial".

Un mes después, un tribunal de apelación redujo la pena a un año al considerarla excesiva y por las circunstancias en las que se produjo el incidente y el estado psicológico del periodista cuando cometió el acto que, según él, fue motivado por la rabia que le producía ver el sufrimiento del pueblo iraquí por la ocupación. Y esta semana, tras cumplir tres cuartos de su condena sin incurrir en actos de mala conducta, quedó libre. Al salir, el reportero denunció que fue torturado y mostró su temor a que los servicios secretos de EE.UU. traten de asesinarlo. "Cuando el primer ministro dijo que no iba a dormir hasta estar seguro de que yo estaba bien, en esos momentos me torturaban con cables eléctricos y barras de hierro (...) Me pegaron, inclusive, en el patio de atrás" de la sala en la que se ofreció la rueda de prensa de Bush y Al Maliki y en la que, dijo, los periodistas tenían instrucciones de no preguntar nada al mandatario estadounidense.

Según su familia, en los próximos días Al Zaidi "viajará al extranjero, en particular a los países árabes, para agradecer a todos los que lo apoyaron", y luego creará un centro para ayudar a las víctimas de la ocupación, fundamentalmente huérfanos y viudas, con el dinero prometido por esa horda de admiradores que ahora tiene. Haga lo que haga, ya miles de personas lo consideran como el iraquí que se levantó contra el jefe de la primera potencia mundial y como el dueño de los zapatos más famosos del joven siglo XXI.

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