'Colombia es determinante para la región', Ricardo Lagos

El ex presidente de Chile, Ricardo Lagos, dialoga con el director de CAMBIO, Rodrigo Pardo. Foto: Jaiver Nieto / Cambio

CAMBIO. La situación de América Latina es totalmente distinta a la que había cuando usted dejó la Presidencia hace cuatro años. ¿Cómo explica la división profunda que hoy existe? 

RICARDO LAGOS. Se están dando un gran debate y un reordenamiento que tienen que ver con las respuestas a la crisis económica. Brasil, Colombia, Chile, Perú e incluso países de orientación de izquierda como el Uruguay de Tabaré Vasquez, han tenido una respuesta mejor. Funes en El Salvador dice que su modelo es 'Lula' y no Chávez. Y hay países que miran con mucho interés lo que ha hecho el presidente Chávez, como Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua, y Rafael Correa en Ecuador.

Pero la división es profunda, a las dos tendencias las separan conceptos fundamentales. ¿Cómo es posible trabajar así?

En el pasado tuvimos definiciones muy parecidas y tampoco nos fue muy bien. No hemos entendido la diversidad de nuestros países. En un acuerdo de libre comercio, un país-continente como Brasil no tiene que pensar en qué ofrece porque está entregando su mercado interno que es muy grande. Pero un país pequeño como Chile tiene más interés en llegar a un mercado como el de Estados Unidos, que ellos en ir a Chile. Y en el Caribe hay países para los cuales los ingresos por aranceles aduaneros representan el 30 por ciento de sus  ingresos fiscales.

Llama la atención que usted, un ex presidente de izquierda, diga que  un TLC con Estados Unidos  le conviene a Chile. La izquierda colombiana se opone al TLC.

Hay que entender que vivimos en un mundo cada vez más global. Y otra cosa: en tiempos de crisis los TLC se vuelven muy importantes porque no nos pueden imponer aranceles para frenar nuestras exportaciones. Cuando un país es chico y quiere garantizar mercados, necesita acuerdos. En Chile, el 70 por ciento de las exportaciones va a países con los que tenemos TLC.

Volvamos a las diferencias en América Latina. Las subregionales también pesan mucho: México y sus vecinos, en el norte; la región andina y el Cono Sur, parecen mundos incompatibles. Y por cierto, los andinos llevamos la peor parte. ¿Cómo nos ven ustedes desde el sur?

Se ve un poco eso. Las dificultades entre Venezuela y Colombia, y con Ecuador. Y, por otra parte, un país con una guerrilla como la que hay acá, que tiene como prioridad su seguridad, es lógico que dirija sus políticas en torno a esa prioridad. Creo que lo que pase en Colombia es determinante para el resto de la región. Creo que debemos apoyar a Colombia, creo que la forma como ustedes han enfrentado la situación es la correcta.

Pero no parece que países como Chile, o Brasil, tomen partido en esta especie de "guerra fría". ¿En algún momento ustedes podrían ser mediadores?

Es muy difícil decirlo, habría que ver el momento. Pero en el sentido filosófico, la cercanía está, entre esos dos países, con el que tiene mayor identidad desde el punto de vista democrático. Ahora, temas difíciles como la operación de Colombia en territorio ecuatoriano, pueden entenderse en el contexto global de la lucha contra la guerrilla, pero va a ser un problema durante mucho tiempo, porque Ecuador también tiene sus puntos. Estamos en una zona que está enfrentando un conflicto muy complejo.

Si Colombia y Venezuela estuvieran compitiendo por el apoyo de países como Chile, ¿cree que Colombia ha presentado sus mejores argumentos, por ejemplo, en el tema de la cooperación militar con Estados Unidos?

Difícil decirlo. En el tema de las bases, los colombianos podrían decir que las necesitan porque América Latina no les dio la mano. También es importante saber si hay una letra chica que permite operaciones de mayor envergadura y que podrían ir más allá de la lucha contra el narcotráfico. Por eso creo que el recorrido que hizo el presidente Uribe por la región fue muy útil.

Hablemos del papel de Estados Unidos ¿Hay un cambio de fondo con Obama?

Sí. El cambio tiene que ver con la forma de entender la posición de Estados Unidos en el mundo, y eso se refleja en América Latina. A diferencia de Bush,  el presidente Obama no piensa que su país puede arreglarlo todo, sino que hay un conjunto de problemas globales que Estados Unidos solo no puede resolver, y por lo tanto necesita un diálogo con los demás países. Este nuevo enfoque hace más difícil el planteamiento de los países del ALBA.

Pero Chávez no ve una diferencia profunda con la llegada de Obama...

Entiendo que diga eso porque sería más difícil justificar muchas acciones de política con Obama que con Bush. Los países de la región reconocen que estamos en presencia de otro Estados Unidos. Fue claro el caso de Honduras.

Es evidente que estamos en un momento de redefinición en América Latina. Cree que instituciones nuevas, como Unasur y el ALBA, desplazarán a las viejas, como la OEA y el TIAR?

No, porque son cosas distintas. La OEA es necesaria porque tiene que haber un ente donde los países latinoamericanos podamos conversar con Estados Unidos. En cambio, el ALBA y Unasur tienen que ver con la voluntad de contar con proyectos de integración política y económica.

Una pregunta sobre Brasil. ¿Por qué cree que no ejerce un liderazgo tan activo como el que le solicitan otros países?

De hecho, Brasil ejerce un liderazgo en la región. Su tamaño influye, y sus últimos presidentes están muy legitimados. Eso habla por sí solo. Pero el liderazgo a veces implica tomar partido y hay que decir que Brasil ha sido muy exitoso en la estrategia de estar bien con todos.

¿Puede decirse lo mismo de Chile?

Chile es pequeño, no está en las grandes ligas ni va a estarlo nunca. En consecuencia, no tiene aspiraciones de liderazgo.

La campaña electoral en Chile está muy reñida y la derecha va ganando. ¿Podría haber cambios en la política exterior chilena?

No, no creo. Solo en el tango 20 años no es nada. Chile es otro, se ha transformado, un 25 por ciento dejó la pobreza. Las políticas exitosas no se cambian. En la política externa no hay grandes diferencias. En la oposición a la guerra de Irak, cuando yo era presidente, o cuando mandé tropas a Haití, tuve el apoyo de la oposición.

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