Se le ha denominado de varias maneras: valla, barrera de separación. Israel dice que es un "cerco antiterrorista" que impide que suicidas crucen a su territorio para cometer atentados. Para los palestinos es un "muro del apartheid" que solo tiene como fin despojarlos de sus tierras e impedir un futuro Estado viable.
El muro que el gobierno israelí comenzó a construir en Cisjordania en el 2002 acaba de cumplir cinco años de ilegalidad, luego de que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya dictaminó que viola abiertamente el derecho internacional, pidió a Israel que deje de construirlo y le recomendó -su resolución no es vinculante- que desmantelen los tramos ya levantados e indemnice a los palestinos afectados.
Eso fue en julio de 2004, pero hoy el muro completa 413 kilómetros construidos -de los 709 planeados- y la comunidad internacional no ha podido -o no ha querido- hacer nada para que Israel cumpla el dictamen del principal órgano judicial de la ONU, y frenar una obra que tiene un impacto devastador en la vida de miles de palestinos. La barrera adquiere nombre según la forma en que rodea ciudades o aldeas de los territorios ocupados y ha separado a cientos de familias, arruinado negocios e impedido que los palestinos accedan, como los israelíes, a escuelas, colegios, universidades, hospitales, fábricas, cultivos.
Según el informe 2009 de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (Ocha) en Jerusalén, cuando concluya su construcción el 85 por ciento del muro quedará dentro del territorio cisjordano (dentro de lo que sería el eventual Estado palestino) y el 15 por ciento transcurrirá por la llamada Línea Verde, la frontera aceptada internacionalmente tras la primera guerra árabe-israelí.
La Ocha recoge los testimonios de decenas de palestinos que han quedado atrapados por obstáculos físicos sobre el terreno y por la burocracia israelí que los somete a un interminable régimen de permisos para cruzar a otro territorio palestino a ver a sus familiares o cultivar sus tierras, o para entrar en Israel con el fin de trabajar, estudiar o ir al médico. "Se trata de hacer nuestra vida lo más difícil posible para que nos vayamos", dice Muafak Amer, afectado por la barrera levantada cerca de Jerusalén.
Para la ONG Oxfam, casi el 80 por ciento de los palestinos propietarios de parcelas al otro lado del muro no reciben permisos (se otorgan cada seis meses) y no pueden cultivar sus tierras. Además, la barrera -que alcanza hasta nueve metros de altura alrededor de ciudades como Belén o Kalkilia- y la alambrada determinan el acceso a gran parte de los recursos hídricos de Cisjordania, casi siempre a favor de colonias judías que siguen expandiéndose. Oxfam asegura que Israel también busca, con el trazado del muro, imponer una frontera basado en lo que llaman "hechos consumados", es decir, anexionando enormes asentamientos judíos, ya prácticamente ciudades, en los que se calcula que viven unos 350.000 colonos.
El relator especial de la ONU para los territorios palestinos ocupados, Richard Falk, señaló hace unos días que "No habrá paz en Oriente próximo hasta que Israel muestre respeto por los derechos de los palestinos bajo la ley internacional", y dijo que "un buen punto para empezar sería el muro". "A pesar de esta clara evidencia de ilegalidad, el muro sigue construyéndose, y a pesar de la decisión de Israel de incumplir la ley, EE.UU., la Unión Europea y la ONU han ignorado totalmente el comportamiento desafiante de Israel, que está enviando un cínico mensaje al mundo de que el poder triunfa", declaró en un duro discurso.