La misión de Obama ¿Es sostenible la luna de miel?

Accra, Ghana, julio 11. El presidente Barack Obama desciende del avión presidencial con su esposa Michelle. Foto: Reuters

Dispuesto a capitalizar su inmensa popularidad en el mundo, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dedicó su quinta y más reciente gira internacional a una serie de ambiciosos objetivos: recomponer los lazos con Rusia, mostrar que Washington habla en serio cuando propone parar el calentamiento global y poner de vuelta en el mapa a África, la cuna de sus antepasados. La semana de Obama tuvo tiempo para todo: desde una cumbre del G8 hasta una audiencia con el papa Benedicto XVI.

Desde que asumió su cargo, Obama ha estado en visita oficial en 15 países. En cada uno de ellos tomó distancia de una u otra forma de las posiciones expresadas por su predecesor, George W. Bush, y su participación en la cumbre del G8 en L'Aquila (Italia) no fue la excepción. Allí, el mandatario estadounidense expresó su convicción de que los países desarrollados deben liderar la lucha contra el cambio climático y acogió la idea de un G14 al declarar: "Lo que espero es que en los próximos años haya una evolución y podamos encontrar la buena fórmula. Lo que deseo es reducir la fiebre de las cumbres, pienso que existe la posibilidad de reducirlas y hacerlas más eficaces". En un gesto que habría sido impensable en la administración Bush, Obama estrechó la mano del líder libio Muamar Gadafi, en una cena ofrecida por el jefe de Estado italiano, Giorgio Napolitano.

Igualmente histórica fue su visita a Ghana, en el África subsahariana. Allí Obama destacó la "experiencia emotiva" que fue para él visitar el continente negro, y recorrer junto a su esposa, sus hijas y su suegra lugares como Cape Coast, otrora un centro del comercio de esclavos. "Como afroamericano, este es un sitio que transmite mucha tristeza, pero también es el lugar donde comienza nuestra historia", afirmó Obama. Más allá del componente étnico de su visita, el Presidente hizo de su presencia un homenaje a ese país, uno de los raros ejemplos de democracia consolidada en África, que contrasta con la situación general del continente, donde las elecciones fraudulentas y violentas son la norma. En cambio, su decisión de no viajar a Kenia -a pesar de que sus ancestros son de ese origen y de que aún tiene familia en ese país- fue percibida como una bofetada en represalia por la reciente inestabilidad política.

Presidente y viajero

En sus primeros seis meses de gobierno, Obama ya visitó Canadá -poco menos que una tradición que con Bush había caído en desuso-, el Reino Unido, Francia y Alemania. También acudió a Turquía, como una manifestación de apoyo a su intención de integrarse a la UE, y realizó una sorpresiva visita a las tropas de EE.UU. en Irak. Obama viajó a México en abril, un día antes de asistir a la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago. Allí se tomó tiempo para dialogar con sus homólogos del continente y dio de qué hablar por su talante relajado, que sorprendió a muchos de los asistentes que tenían claro el recuerdo de su antecesor.

La más reciente gira internacional de Obama había tenido lugar a comienzos de junio, cuando recorrió Arabia Saudí y Egipto, en donde le tendió la mano a los países árabes musulmanes, antes de regresar a Alemania y a Francia para conmemorar el Día D. Incluso sin salir de EE.UU., las decisiones de Obama han perfilado un estilo diferente de relacionarse con el resto del mundo. No vaciló en insinuar al presidente Álvaro Uribe que "en EE.UU., solo dos periodos presidenciales funcionan", ni en advertirle a Teherán que Washington "no va a esperar indefinidamente". Con su respuesta a la crisis de Honduras -que coincidió con la opinión de América Latina y que hizo especial énfasis en el diálogo- Obama logró disminuir el rechazo del continente por la percepción de que la región ha sido intimidada por la política americana, cuando no abiertamente ignorada por el gobierno de George W. Bush.

Puede ser prematuro determinar que la política exterior de Estados Unidos dio un giro de proporciones históricas en las palabras y las obras de los primeros seis meses. Si bien Obama ha caído bien en casi todos los países visitados (y en casa mantiene su aprobación por encima del 60 por ciento), su agenda por ahora se ha limitado a enumerar temas de fácil acogida y que en gran medida habían sido anticipados desde su discurso inaugural.

Pero el carisma solo puede llevarlo hasta cierto punto; tarde o temprano Obama tendrá que asumir posiciones más definidas y costosas en temas que polarizan, como la situación de Irán con su desafiante programa nuclear y su represión a las protestas de la oposición; Venezuela, con Chávez y sus esfuerzos para exportar la revolución bolivariana; o Corea del Norte, con cada nueva prueba balística del régimen de Kim Jong-il.

Esta semana, la administración Obama recibió duras críticas de la oposición republicana por haber dado inicio, como lo había anunciado, a los diálogos sobre migración entre Estados Unidos y Cuba. La Casa Blanca dice que busca alcanzar un flujo migratorio seguro y ordenado entre ambos países, pero la bancada conservadora del Congreso dijo que el acercamiento, el primero de su tipo desde el 2003, es "otra muestra del enfoque equivocado de la administración Obama con respecto a los regímenes enemigos de Estados Unidos".

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