Julio 8 de 2009

Con el tiempo en contra en Honduras

En medio de la crisis institucional que atraviesa ese país, se abre paso la solución de adelantar las elecciones presidenciales.

Tras una semana y media de tensión política, provocaciones y declaraciones de cada una de las partes, el diálogo, como fórmula para solucionar la crisis política de Honduras parece imponerse, aunque el factor tiempo juega a favor del nuevo Gobierno del país centroamericano.

La razón es que, a 120 días de las elecciones generales que renovarán todos los principales cargos de elección popular en ese país, es más lo que el nuevo Gobierno instaurado tras el golpe de Estado y la expulsión del presidente Manuel Zelaya puede realizar para darle una transición sin sobresaltos al mandatario que salga elegido en las urnas, que lo que el derrocado Presidente alcance a lograr, así tenga de su lado a los organismos internacionales y a la mayoría de países del mundo.

La razón es que si las elecciones se realizan a la vuelta de los cuatro meses que faltan, o incluso se llegan a adelantar, como ya se ha comenzado a hablar, habrá un nuevo Gobierno elegido al que no le podrán achacar el 'pecado' del golpe, pues eso sería ir en contra de la voluntad popular que lo eligió.

El gobierno del presidente interino, Roberto Micheletti, dijo que estaría dispuesto a adelantar las elecciones y, con los espacios políticos que se han abierto en los últimos días, sería factible una negociación rápida con la intermediación de un país neutral como Costa Rica o España.

Aunque tras la suspensión de Honduras en la OEA se estimaba que el organismo continental era poco lo que podría hacer, dada la posición de desprecio del Gobierno de facto en esa nación por el foro regional, analistas consideran que es vital que este siga promoviendo el diálogo y una salida política que dé las pautas para una solución negociada a la crisis.

Según dijo a CAMBIO Leonardo Carvajal, docente e investigador de la Universidad Católica Andrés Bello de Venezuela, "Lo que es difícil de pensar es que, tras los capítulos de la crisis hondureña, Zelaya llegue a su país como si no hubiera pasado nada, luego que se vio una clara intervención de Hugo Chávez, situación que resultó chocante para los hondureños".

En concepto del académico, la abierta intervención de Chávez demuestra una forma de "imperialismo latinoamericano" del que está haciendo gala el Presidente venezolano con base en sus designios políticos y económicos en los últimos años.

Ante un diálogo que se dilate y que arroje resultados, simultáneamente con la elección hondureña, tanto el ex presidente Zelaya como la OEA y los demás países de la región tendrán que entenderse con el nuevo Gobierno legítimamente elegido.

Por eso, según Carvajal, es el apuro de Chávez por tratar de reinstalar en el poder a Zelaya, pues, al agotarse el tiempo, su proyecto político puede fracasar en uno de los países más conservadores de América Latina.

En esa situación, considera que la mejor opción sería el adelanto de las elecciones para dentro de 60 o 70 días. Así, Zelaya no tendría mayores argumentos para reclamar un retorno al poder, del que legalmente le quedaba menos de un semestre.

Pero para que este panorama se dé, el nuevo Gobierno hondureño debería convocar un variado grupo de veedores de organismos internacionales y países neutrales, ofrecer amplias garantías para que todos los partidos políticos desarrollen sus campañas y evitar la represión a la oposición, como empiezan a denunciar algunos líderes políticos.

A partir de allí, se impondrían los hechos políticos de una nueva realidad en ese país y vendría otro capítulo polémico en la OEA para restituir a la nación hondureña como miembro pleno. Pero esa es otra historia. 

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