Julio 8 de 2009

Encuentro de Obama y Medvedev sirvió para iniciar desarme nuclear entre E.U. y Rusia

"No será fácil. Crear una cooperación duradera entre ex rivales, cambiar costumbres ancladas en nuestros gobiernos durante décadas, es difícil", reconoció Barack Obama.

La visita que por primera vez durante su administración realizó esta semana el presidente estadounidense, Barack Obama, a Rusia, fue registrada por analistas y medios de todo el mundo como la oportunidad de un nuevo comienzo para los ex rivales de la Guerra Fría. En ese espíritu, Obama tendió la mano a una Rusia que, aseguró, Estados Unidos quiere ver "fuerte y democrática".

Tras sucesivas reuniones con el presidente ruso, Dimitri Medvedev, y con el primer ministro, Vladimir Putin, Obama dedicó la mayor parte de su agenda a la sociedad rusa, a la que reiteró su voluntad de renovar las relaciones entre la Casa Blanca y el Kremlin. "No será fácil. Crear una cooperación duradera entre ex rivales, cambiar costumbres ancladas en nuestros gobiernos durante décadas, es difícil", reconoció Obama ante 1.500 estudiantes de la Nueva Escuela de Economía, donde se forman las futuras élites rusas.

Ante ellos, el mandatario declaró que "la época en la que los imperios podían manipular a Estados soberanos como piezas de ajedrez" ha acabado. "Esperamos cerrar una serie de páginas difíciles en la historia de las relaciones ruso-estadounidenses y abrir otras nuevas", declaró Medvedev al recibir en el Kremlin a su homólogo americano.

Obama cuestionó fenómenos como la corrupción y el autoritarismo, pero sin criticar directamente a Rusia en ningún momento. Aunque constituye una de las herencias más incómodas que recibió de la administración Bush, la relación de Washington con ese país es una necesidad ineludible.

Por eso no ayuda para nada que Bush y Putin se las hayan arreglado para crear un clima tenso, en el que se advertían flashbacks de los días de la Guerra Fría. Los países occidentales vieron en Rusia una tendencia a irrespetar las libertades de expresión durante los ocho años de presidencia de Putin y sus críticas no han cesado en el mandato de Medvedev.

La invasión a Georgia, el año pasado, puso sobre la mesa la dimensión que con facilidad puede alcanzar la evocación por parte de Rusia de sus épocas imperiales. Aunque sigue siendo un actor incuestionable en la esfera política, económica y militar, bajo el liderazgo de Putin Rusia se hizo más nacionalista que antes, y su economía creció, anclada en una cultura corporativa que le era extraña a los territorios ex soviéticos. Para Obama, los desafíos que debe enfrentar el mundo moderno "reclaman una cooperación global" que "será más fuerte si Rusia ocupa el puesto de gran potencia que le corresponde".

Pero aunque la visita buscaba acabar con las tensiones entre Washington y Moscú, quedó claro que hay temas ineludibles destinados a evidenciar las diferencias. Obama fue explícito en decir que Rusia debe respetar la soberanía de Georgia y Ucrania, dos aliados de Estados Unidos que aspiran a entrar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Por su parte, el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov, advirtió que el escudo antimisiles que EE.UU. proyecta en Europa oriental "pondrá seriamente en entredicho las perspectivas de una reducción ulterior de los armamentos estratégicos".

Obama capoteó ese asunto, uno de los puntos más sensibles en su agenda, al afirmar que si desaparece la amenaza del programa nuclear y balístico de Irán, desaparecerá "la razón de ser" del escudo de defensa.

Un mundo menos nuclear

La semana de Obama y Medvedev comenzó con el anuncio de la eliminación de una tercera parte de los arsenales nucleares estratégicos de ambas naciones, con lo que se dimensionó un horizonte para el tratado que relevará al histórico START de 1991 sobre la reducción de los arsenales atómicos, que expira el 5 de diciembre. Ese tratado, que en su momento fue descrito como el esfuerzo de desarme nuclear más ambicioso entre las dos superpotencias, fue firmado en julio de 1991 en Moscú por el presidente de la entonces Unión Soviética, Mijail Gorbachov, y su homólogo de EE.UU., George Bush.

Obama se mostró optimista y aseguró que un "nuevo START estará concluido este año". El futuro tratado tendrá una duración de diez años. Si el anuncio se cumple, las dos potencias reducirían, a entre 1.500 y 1.675 el número de ojivas nucleares en su poder (contra las 2.200 que fijaba el tratado anterior) y a entre 500 y 1.100 la cantidad de vectores nucleares. Todo esto, antes del 2016.

 Cada uno de los dos países tiene en la actualidad entre 2.000 y 3.000 ojivas desplegadas, es decir, listas para su uso inmediato. Por ese motivo, Rusia exige que se tengan en cuenta las cabezas nucleares almacenadas -un campo en el que Estados Unidos lleva la delantera- y no solo las desplegadas. Entre los dos, poseen más del 90 por ciento del total de las bombas atómicas del mundo.

Otra señal de distensión llegó con el anuncio, por parte de Rusia, de que autorizará el uso de su espacio aéreo para el tránsito de soldados y de material militar estadounidense destinados a Afganistán, un acuerdo sumamente significativo para Obama, que ve en la guerra en el país asiático una de sus prioridades internacionales. Una vez terminado su periplo por Rusia, Obama partió a Italia para asistir a la cumbre del G8.

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