Golpistas en Honduras subestimaron el rechazo de la comunidad internacional

Roberto Micheletti, nuevo presidente, ha tenido que afrontar el rechazo de la comunidad internacional. Foto: AFP

Las costumbres políticas de un país tradicionalmente conservador, un divorcio entre los poderes e instituciones públicas, los temores por la creciente influencia del izquierdismo y las dificultades económicas fueron los principales ingredientes que generaron el golpe de Estado asestado el domingo en Honduras por parte del Ejército, y que está sirviendo un menú de crisis en América Latina, del que todavía no se sabe cómo se va a solucionar. Pero a diferencia de la mayoría de golpes en los que el poder Ejecutivo siempre ha sido sustituido de facto por los militares, en Honduras el Ejército expulsó al primer mandatario, Manuel Zelaya hacia Costa Rica y mantuvo el orden en las ciudades, mientras que el Congreso designaba a su presidente, Roberto Micheletti, como jefe de un país que apenas ha recibido el reconocimiento de Taiwán, la 'isla rebelde' del Lejano Oriente que busca su reconocimiento de la comunidad internacional.

La crisis, servida como plato fuerte el domingo pasado con la captura de Zelaya por parte del Ejército -que se había negado a obedecer al mandatario para distribuir el material electoral que preguntaría sobre la posibilidad de abrir una nueva urna en las elecciones presidenciales del 27 de noviembre próximo para realizar una constituyente-, ha tenido varias entradas en los tres años de presidencia de Zelaya. Tras haber sido elegido en noviembre del 2005 por el Partido Liberal, que en ese país es de tendencia derechista, Zelaya fue 'evolucionando' hacia la centroizquierda. De esa manera, de pasar de ser un empresario y ganadero, con un fuerte vínculo familiar con el campo, encontró amigos en el izquierdismo latinoamericano liderado por Hugo Chávez, que lo llevó a integrarse a la Alianza Bolivariana de las Américas (Alba).

Según le dijo a CAMBIO Adrián Bonilla, director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en Ecuador, el giro a la izquierda de Zelaya corresponde más a un tema pragmático en el que la conveniencia de tener petróleo subsidiado, ayudas económicas y créditos a bajas tasas de interés otorgados por Chávez, representan una buena parte de la agenda de un país que tiene poco qué ofrecer en materia económica de no ser por su mano en el exterior que envía en remesas el 25 por ciento del Producto Interno Bruto (2.700 millones de dólares en el 2008). Lo mismo dice Leonardo Carvajal, investigador de la Universidad Católica Andrés Bello de Venezuela, quien afirma que la conversión ideológica de Zelaya se debe a un oportunismo político debido a las ayudas de Chávez, pues el mandatario se ha convertido en "un pequeño FMI al que cuando le piden ayuda impone un recetario económico, pero en el caso de Chávez, con las ayudas que otorga, impone un recetario político en el que se encuentran modificaciones a la Constitución del país y limitación de los poderes públicos".

Pero el nombramiento de un nuevo mandatario no significa que se consolide el golpe, pues por más que las nuevas autoridades de ese país quieran hacer ver que las cosas están en curso de normalizarse, la presión política, comercial y económica internacional pueden asfixiar el movimiento. De todas maneras, lo cierto es que la forma como actuaron las partes en conflicto merece reproche, pues hubo delicados errores de manejo de la crisis institucional que se venía gestando.

Así lo aseguró a CAMBIO Carvajal. Dijo que Zelaya actuó como "un llanero solitario" al desafiar la institucionalidad del Tribunal Supremo de Justicia, los partidos políticos, la Iglesia y los militares, aunque estos últimos también equivocaron el proceder al "precipitarse alocadamente" al capturar y expulsar al mandatario dándole un viso de ilegalidad a la consulta que se pretendía realizar el domingo. El experto consideró que las instituciones debieron haber dejado que Zelaya realizara la consulta del domingo, pues con el bajo apoyo que mostraba la iniciativa, los resultados se habrían encargado de que el proyecto "naciera muerto". Luego de esto sí debería haber procedido a hacer un juicio político al mandatario o simplemente haber dejado que llegara el momento de las elecciones que designarán a un nuevo Presidente.

Lo peor de todo es que el movimiento internacional de protesta por la forma como el nuevo poder en Honduras ha manejado el tema muy seguramente va a desembocar en el regreso de Zelaya a su país, aunque Carvajal considera que se deben establecer unas reglas de juego de acuerdo con la Constitución del país para que se dé una sana convivencia política. En este sentido consideró que se debe respetar la fecha para las elecciones generales, y el Parlamento no debe ser defenestrado.

La salida, en síntesis, no es clara. El eventual regreso de Zelaya agudizará la polarización. Micheletti y quienes lo apoyan subvaloraron la reacción internacional, y un país de la dimensión de Honduras no se puede dar el lujo de un aislamiento diplomático, político y económico. Si se mantiene la falta de sensatez con que han actuado, hasta el momento, los principales actores, no habrá una salida fácil. Consolidar el golpe no será una tarea sencilla ni pronta, pero tampoco se ve, al menos por ahora, el camino para echarlo para atrás.

'No puede presentarse sin paracaídas'

Sergio Ramírez, escritor y ex vicepresidente de Nicaragua le dijo a CAMBIO que el presidente de Honduras, Manuel Zelaya tiene que volver a su país, pero tras el fruto de negociaciones, pues no "puede presentarse sin paracaídas". Consideró que el golpe de Estado es nefasto para el futuro de la democracia de América Latina, si detrás hay un conflicto entre las instituciones de un país, aunque advirtió que la forma en que se llevó a cabo ese proceso por parte del Ejército fue absurdo. Considera que Zelaya pudo haber pecado al desconocer la realidad de un país que políticamente ha sido de tendencia conservadora. "Al descuidar esa realidad se quedó absolutamente solo", dijo.

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