Cuando el Primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu pronunció, hace algo más de una semana, un muy esperado discurso en el que por primera vez en su vida dijo 'sí' -aunque con condiciones- a la idea de un Estado Palestino, Israel se vio abocado de inmediato a una guerra de palabras.
Aunque más que un 'sí', el Premier israelí dio un 'Sí, pero...' -estado desmilitarizado, reconocimiento palestino de Israel como estado del pueblo judío, indivisibilidad de Jerusalén y negativa del retorno a los refugiados a lo que es hoy el territorio israelí-, la sensación general era que algo había cambiado en la terminología de Netanyahu. Los colonos residentes en los asentamientos judíos en Cisjordania calificaron como un 'terremoto' el que un jefe de gobierno de derecha, educado en la escuela nacionalista, haya aceptado, así sea en principio, un Estado palestino.
La jefa de la oposición, la ex Canciller Tzipi Livni, optó diplomáticamente por hablar de "un paso en la dirección correcta". El periodista del matutino Haaretz Gideon Levy, acérrimo crítico de la política israelí en el tema palestino, se cuidó de mostrar entusiasmo, pero dijo que el discurso era motivo de alegría "porque saca un ladrillo en la estructura de la ocupación".
Pero para el otro lado, el de árabes y, sobre todo, palestinos, el cambio de terminología de Netanyahu no cambia nada en absoluto. Rechazaron en términos inequívocos el discurso y el negociador Saeb Erekat dijo que "Netanyahu no encontrará ni en mil años un palestino dispuesto a negociar en estas condiciones".
Nabil Abu Rudeina, portavoz del presidente palestino Mahmud Abbas, fue más allá y acusó a Netanyahu de "sabotear el proceso de paz".
Observadores como Khaled Abu Toameh, analista de asuntos árabes del periódico israelí The Jerusalem Post, creen que la reacción palestina se deriva de una percepción generalizada en el mundo árabe de que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, va a presionar a Israel a aceptar las exigencias palestinas. El vicecanciller israelí Danny Ayalon criticó esta actitud palestina, señalando que "si no vuelven a negociar no llegaremos a la paz, que en definitiva debe ser interés de todos, de los palestinos y de Israel".
Pero los palestinos sostienen que el problema es el enfoque de Netanyahu y las limitaciones exageradas con las que encara esta 'nueva' etapa. Mientras el Premier israelí habla de un llamado a negociar "sin condiciones", ellos responden que ya ha puesto condiciones, y del todo inaceptables, para la creación del Estado palestino. A comienzos de esta semana, la ONU instó a los israelíes y los palestinos a aprovechar el aumento en los próximos días de la actividad diplomática relacionada con Oriente Próximo para reactivar el paralizado proceso de paz. En una reunión del Consejo de Seguridad, el enviado especial del organismo para la región, Robert Serry, dijo que los dirigentes de ambos pueblos deben comprometerse "con claridad" a alcanzar pacíficamente mediante negociaciones la solución de los dos Estados.
Este viernes, el Cuarteto para Oriente Próximo (Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y la ONU) se reunirá en Trieste (Italia), en la que también celebrará un encuentro con miembros de la Liga Árabe. Antes de esa cita, los ministros de Exteriores árabes se reunirán en El Cairo.
Una jugada política
Especial énfasis recibe la problemática de los asentamientos, que es hoy uno de los puntos de mayor fricción entre Israel y Estados Unidos. Barack Obama ha dicho repetidamente que considera que la expansión de colonias es el principal obstáculo a la resolución del conflicto. En respuesta a la posición de su aliado norteamericano, Netanyahu se comprometió a no construir nuevas colonias y a no confiscar tierras para ampliar las existentes. Sin embargo, rechazó las exigencias de no permitir construir obras que atiendan lo que llamó "necesidades de crecimiento natural".
El vicecanciller Ayalon declaró que "los asentamientos nunca han sido un obstáculo a la paz y el hecho es que cuando no había ni uno tampoco había paz". Pero el tema tiene gran simbolismo y a ojos palestinos es uno de los más problemáticos, que "obstaculizan la paz".
A ese particular se le sumó, el martes, una nueva polémica. Mientras las autoridades israelíes anunciaban la construcción de 300 nuevas viviendas en un asentamiento judío en Cisjordania, la alcaldía de Jerusalén ordenaba a 65 familias palestinas que procedan a demoler de inmediato sus casas en Jerusalén oriental.
Para los colonos judíos -convencidos de que no se logrará finalmente llegar a un acuerdo con los palestinos- aunque "sólo" se autorice la construcción en los asentamientos ya existentes, esto debe ser visto como "una oportunidad". "Ahora esperamos que al fin podamos volver a construir", dijo Dani Dayan, jefe del Consejo Yesha, el ente representativo de los asentamientos.
Dayan se dice seguro de que el Primer Ministro "no está orgulloso de lo que ha dicho". Orgulloso o no, Benjamín Netanyahu ha obtenido una indiscutible ventaja política por haber incorporado el término a su vocabulario.
Políticamente, eso le ha dado la ventaja de quien lanza una iniciativa y espera la respuesta del otro lado, de quien patea la pelota hacia el lado palestino de la cancha, así incomode a muchos en su tierra.