Elecciones sangrientas en Irán tras sospechosa victoria de Ahmadinejad

Después de conocidos los resultados oficiales, en Irán se produjeron enormes manifestaciones de protesta (izquierda) y de apoyo al Presidente (derecha). Fotos: AFP / Reuters

La muerte de por lo menos siete manifestantes y el cerco digital y legal que el Gobierno iraní impuso a la prensa extranjera parecían marcar el tono de la tensa jornada post-electoral en ese país, luego de que se anunciara una aplastante, y, para muchos, sospechosa, victoria del presidente Mahmud Ahmadinejad.

Las acusaciones de fraude llevaron a la oposición a salir por millares a las calles y, ante la censura oficial a los medios de comunicación, recursos tecnológicos como los mensajes de texto y las redes sociales probaron ser fundamentales para, primero, coordinar las marchas y, después, enviar información al mundo.

La presión -que en este inusual escenario es tanto interna como internacional- llevó al Consejo de Guardianes, segundo órgano de poder en Irán, a enfrentar una histórica encrucijada, en la que muchos analistas creen está en juego el futuro del país, 30 años después de la revolución que le dio origen como república islámica.

Si decidiera anular el resultado de las elecciones del viernes, no sólo deslegitimaría el triunfo de Ahmadinejad, sino que daría a la maquinaria que sostiene a la República un golpe sin precedentes.

Si, como se anticipa por su anuncio de autorizar solo un recuento parcial, limitado a las mesas en las que se denunciaron irregularidades, podría generarse un igualmente inédito escenario de desobediencia, con la oposición en las calles y, probablemente, nuevos choques con las fuerzas armadas.

Ante el actual estado de las cosas, no resulta impensable, incluso, que sea afectada la imagen del líder supremo, Ali Jameneí, quien en una inusual decisión respaldó, por primera vez, la consulta sin esperar a la validación, siempre necesaria, del poderoso consejo integrado por seis clérigos y seis juristas. Jameneí admitió un día después la queja por fraude de la oposición y aseguró que se examinaría a través de las vías legales.

La oposición ha denunciado que el Ministerio de Interior obstaculizó la labor de los observadores, a los que al parecer no se les permitió estar presentes en el sellado de las urnas.

También ha denunciado que en muchos colegios faltaron papeletas durante horas, pese a que al parecer se imprimieron cinco millones más de las necesarias. Igualmente la oposición ha protestado por la interrupción de las comunicaciones vía telefónica, especialmente en las zonas rurales, donde Ahmadinejad habría cimentado su éxito.

Pero la principal causa de duda, una posible manipulación en el recuento, es una cuestión ardua de demostrar. El conteo de los sufragios se realizó a una enorme velocidad en el Ministerio de Interior, sin presencia de observador alguno de los candidatos. Minutos antes de que el Comité Electoral ofreciera los primeros resultados preliminares, la prensa oficial ya adelantaba que Ahmadinejad había ganado con más del 60 por ciento de los votos, como finalmente ocurrió.

Publicidad