Junio 3 de 2009

Panamá, Argentina y Bolivia, los países con más altos índices de corrupción en América Latina

Esta es la principal conclusión del Barómetro Global de Corrupción, de Transparencia Internacional, que evaluó las percepciones de los habitantes de 69 países.

Los ciudadanos encuestados en la región -Argentina, Colombia, Venezuela, Panamá, Perú, Chile, El Salvador y Bolivia-, no confían en sus dirigentes. Los partidos políticos obtienen una calificación de 4,2 sobre 5 -nivel de más alta corrupción-, mientras que los parlamentos son calificados con una nota de 4,0 en promedio.

Según esta medición, que no incluye a todos los países del continente -en particular Paraguay, considerado uno de los más corruptos-, los que tienen mayores índices de corrupción son Panamá, Argentina y Bolivia, con una media de 4,0 puntos. "Esta es una tendencia constante -dice Paola Zúñiga, vocera del capítulo Colombia de Transparencia Internacional-. Las calificaciones de los Congresos y los partidos se han mantenido estables en los últimos cinco años, lo cual es grave porque demuestra que esas instituciones no han aprovechado las oportunidades que han tenido para recuperar su credibilidad entre los ciudadanos".

Otros estudios recientes confirman la tendencia. El Latinobarómetro 2008 indica que los habitantes de la región consideran que el 68,6 por ciento de los políticos son corruptos y el 54 por ciento cree que en la política hay "más corrupción que en el resto de la sociedad". El estudio de Transparencia, por su parte, revela que el 10 por ciento de los latinoamericanos afirma haber pagado un soborno en el último año. El organismo resalta la cifra de Venezuela, que tiene un índice de 28 por ciento.

Otra de las conclusiones del estudio es que la corrupción afecta más a los más pobres. Según el informe, el 24 por ciento de las personas ubicadas en la quinta parte más pobre de la población pagó una 'coima' en el último año a la policía, contra un 16 por ciento de la quinta parte más rica de la población. En el caso de los servicios públicos, la diferencia va del 7 al 4 por ciento entre clases sociales.

Algunos analistas sostienen que existe un vínculo entre la percepción de la corrupción y la ocurrencia de actos corruptos. El uruguayo Máximo Rossi, del grupo de investigación de la Universidad de la República en Montevideo, afirma en un artículo publicado por la Universidad Nacional de Colombia, que "cuanto más grande e intensa es la creencia de que la corrupción está extendida, mayor es la disposición de los ciudadanos encuestados a considerar que es necesario entregar una 'coima' para resolver un problema".

Sin embargo, que los ciudadanos crean que su país es corrupto no necesariamente significa que lo sea. Pero, por otra parte, medir qué tanto impacto tiene la corrupción en una economía determinada no es fácil. Según el informe de Transparencia, "la falta de denuncia se puede deber a que los mecanismos para esto son insuficientes, complejos o inaccesibles, o a la falta de conciencia sobre los efectos nefastos de la corrupción en la sociedad". 

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