El mundo no parece dispuesto a aceptar la provocación del régimen comunista, que está repitiendo un guión que ya había usado en 2006. ¿Qué hará Obama?
Repitiendo un guión que ya había usado en 2006, Corea del Norte desafió al mundo al efectuar su segunda prueba nuclear: primero avisó con el lanzamiento de un cohete de larga distancia, el lunes llevó a cabo una prueba atómica subterránea y entre martes y miércoles disparó tres cohetes de corto alcance que, sin embargo, pusieron en alerta los sistemas de defensa de los países vecinos.
El régimen comunista de Kim Jong-il anunció su segunda prueba nuclear a menos de tres años de la primera y desató de inmediato una avalancha de críticas, encabezadas por la condena de la comunidad internacional. Aunque el desarrollo es similar al de 2006, esta vez la marcha de los acontecimientos ha sido mucho más rápida, y el momento elegido más sorpresivo.
La potencia del artefacto nuclear que detonaron los norcoreanos -de cerca de 20 kilotones, según el Ministerio de Defensa ruso- superó los 15 kilotones que se estimaron durante su prueba de 2006 pero, más allá del avance militar, los analistas ven en el hecho una muy obvia jugada para tratar de presionar a EE.UU. y enarbolar un poder disuasorio frente a eventuales acciones en su contra.
Pero probablemente la motivación detrás de este nuevo ensayo sea, al menos, tan doméstica como exterior. Para nadie es un secreto que el 'hombre fuerte' de Pyonyang, Kim Jong-il, lo es cada vez menos. Su debilitada salud (el año pasado se rumoró que sufrió un derrame cerebral) hace evidente la necesidad del régimen de elegir o, por lo menos, perfilar, a un sucesor: su tercer hijo, Kim Jong-un.
El Gobierno ha renegado repetidamente de las conversaciones a seis bandas, en las que participaba junto a China, Rusia, Corea del Sur, EE.UU. y Japón, que han sido incapaces de alcanzar compromisos en desarme tras cuatro años de tire y afloje.
Corea del Norte sigue su testaruda búsqueda de más poder militar a pesar de que el país lleva años amenazado por la hambruna, que en 1995 mató a cientos de miles de personas. Los analistas responsabilizan de ello al sistema de agricultura colectivista y a una red de distribución ineficaz.
Pese a su historia de privaciones en una nación de unos 24 millones de habitantes, y con uno de los ejércitos más grandes del mundo, el plan del régimen sigue centrándose en la realización de pruebas nucleares.
Para los observadores internacionales, es claro que la tecnología de la que dispone Pyonyang ha mejorado, aunque en la mayoría de los casos sigue sin superar los estándares de los años de la Guerra Fría, aunque el arsenal norcoreano dobla al de Corea del Sur en aspectos como artillería, tanques o vehículos de transporte de tropas.
Algunos expertos coinciden en que es significativo que el régimen comunista elija fechas que son simbólicas en Estados Unidos para hacer el lanzamiento de sus misiles. Su prueba de 2006 la hizo un 4 de julio, día de la independencia de EE.UU. Y la del lunes la hizo en el Memorial Day, fecha en la que se conmemora al soldado caído en combate.
De nuevo Corea del Sur y Japón, los más críticos en la región con las provocaciones de Pyongyang, y los que más cerca están del radio de alcance de los misiles, pidieron una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad para tomar medidas contra el, en apariencia, imparable desarrollo armamentístico norcoreano. Pero, como casi siempre pasa en estos casos, ahora la pelota está en el lado de Washington, en el que parece ser el desafío más serio -hasta ahora-, para la administración de Barack Obama.