El escándalo suscitado en Italia por la pública solicitud de divorcio de Veronica Lario, la esposa del primer ministro Silvio Berlusconi, tiene todos los elementos de una intensa telenovela: un marido machista y propenso a las indiscreciones; una esposa elegante y de buenas maneras, y hasta una potencial amenaza romántica en la figura de una beldad adolescente de cabello rubio y ojos claros.
Pero sería simplista reducir las implicaciones de la disputa del matrimonio Berlusconi a un asunto de celos y lealtades amorosas. Como lo expresó Mario Adinolfi, senador del opositor Partido Demócrata (PD), "Si se deja a un lado la hipocresía, hay que decir claramente que el divorcio de Berlusconi es un tema político". Adinolfi agregó: "¿Podemos imaginar a Barack Obama recibiendo un golpe así de parte de Michelle, o a Sarkozy golpeado así por Carla Bruni sin que haya un debate público y político?".
Para muchos analistas es claro que Berlusconi, a quien se le ha acusado muchas veces de machista, mujeriego y megalomaníaco, constituye un blanco mucho más probable para este tipo de escándalos. Hace dos años recibió de su mujer una carta ¿que llegó a la prensa¿ en la que le reprochaba haber coqueteado con una joven diputada a la que le dijo: "Le juro que si no estuviera casado, la haría mi esposa". El incidente se zanjó con las excusas del mandatario. La bella diputada, Mara Carfagna, es hoy la ministra de Igualdad de Berlusconi.
A comienzos de este año, Berlusconi desató la ira de las organizaciones defensoras de los derechos de la mujer cuando dijo, en alusión al creciente número de violaciones sexuales en Italia, que el tema es casi imposible de detener del todo porque "harían falta tantos soldados como muchachas bellas". Las ONG de izquierda le pidieron al Premier "que se calle, si no puede decir nada que no sea ofensivo".
Hace apenas unos días, la primera dama había criticado duramente a su marido por su intención de incluir a jóvenes y hermosas chicas en las listas electorales de su partido para las elecciones europeas de junio. Una vez más, el jefe de gobierno se vio obligado, en medio de críticas, a dar marcha atrás. Pero esta vez Berlusconi se ha negado a ofrecer disculpas y entró en una especie de contraataque. 'Il Cavaliere' dijo que no está seguro de querer reconciliarse con su mujer, a la que le exigió disculparse públicamente por haberle atribuido una relación sentimental con una menor de edad.
Berlusconi, de 72 años, le dijo a La Stampa: "He mantenido una situación difícil por el amor de mis niños, pero ahora se acabó, no veo las condiciones para seguir adelante". Lario reaccionó con furia a la asistencia de Berlusconi, hace dos semanas, a la fiesta de cumpleaños de Noemí Leticia, una hermosa rubia de Nápoles, de apenas 18 años. Lario, de 52, dijo que le resultó 'inaceptable'.
Aunque algunas voces se levantaron para plantear dudas sobre el impacto del escándalo de cara a las elecciones europeas, parece poco probable que la disputa conyugal conlleve repercusiones importantes en el panorama electoral. De hecho, la popularidad de Berlusconi está basada en elementos de otro tipo, asociados a su carácter 'recio' e 'indomable', que hacen creer a algunos observadores que podría, incluso, salir fortalecido entre ciertos votantes. Al fin y al cabo, todo parece una telenovela en la que cualquier desenlace puede ser
posible.