Mayo 6 de 2009

El papa Benedicto XVI llega a Tierra Santa

Lo hace en uno de los momentos políticos más difíciles para El Vaticano y para la región.

Benedicto XVI no la tendrá fácil. Cuando aún retumban en la memoria las recientes ocasiones en las que la Santa Sede ha estado en el ojo del huracán, el Papa iniciará este viernes un difícil viaje por Tierra Santa que lo llevará a Jordania, Israel y los territorios palestinos. La pregunta es si podrá apaciguar las tormentas que lo sacuden, o, por el contrario, las avivará. "El Papa habrá de guardar un delicado equilibrio porque el más mínimo desliz puede encender la mecha de la intolerancia", analiza Daniel Rossing, director del Centro de Jerusalén para las Relaciones Judeo-Cristianas.

Este periplo es uno de los mayores desafíos que el Pontífice ha enfrentado en los cuatro años que lleva como cabeza del catolicismo. A lo que se añaden los retos que como jefe de Estado también tendrá que asumir. "El Papa no es un peregrino más. Aunque en principio todas las visitas son pastorales, El Vaticano también busca promover el diálogo interreligioso con judíos y musulmanes y la paz con los líderes políticos", dijo Wadie Abu Nasar, coordinador de medios en Jerusalén para la visita.

"El que se reunirá con el presidente de Israel, Shimon Peres, no es solo el jefe de la Iglesia Católica, es también el jefe de un Estado, el Estado Vaticano", dice Igal Palmor, portavoz de la cancillería israelí, en alusión a los asuntos pendientes, de naturaleza política, que necesariamente tendrán que ser tocados durante la visita, su cuarta como religioso. La primera la hizo como sacerdote en 1964, y la segunda y tercera como cardenal, en 1992 y 1994. También será la tercera visita de un Pontífice en la historia. El primero fue Paulo VI, en 1964, y el segundo, el recordado Juan Pablo II, en el 2000.

Región convulsionada

En el plano formal, la 'peregrinación' se da en momentos en que el proceso de paz entre israelíes y palestinos atraviesa uno de sus momentos más difíciles, no solo por las heridas abiertas de la reciente incursión militar  hebrea sobre la Franja de Gaza sino por la llegada al poder en Israel de la derecha, encabezada por Benjamin Netanyahu, cuya intransigencia ha hecho tambalear el proceso de paz y puesto en duda el principio de dos Estados (uno israelí y otro palestino).

Y en un plano más bilateral, Benedicto XVI arriba sin que El Vaticano y el Estado de Israel hayan resuelto sus diferencias sobre el acuerdo económico que debe establecer los derechos y deberes en cuanto a pago de impuestos y propiedades de las comunidades católicas.

Voceros vaticanos expresaron su 'frustración' por el hecho de que no se haya podido anunciar el acuerdo de exención fiscal durante el periplo. Pero antes de todo esto, la 'peregrinación' del Papa va a estar marcada por tres duros escollos que Ratzinger deberá, si no superar, al menos manejar con manos de seda. Por una parte, la polémica desatada por un obispo al que le levantaron el castigo de la excomunión y que niega el Holocausto judío; por otro, la fotografía del papa Pío XII, colgada en una de las salas del Museo del Holocausto Yad Vashem, cuyo pie de foto lo acusa de haber callado ante el asesinato de más de seis millones de judíos.

Y finalmente los reclamos de Israel por la participación de un representante de la Santa Sede en la conferencia de la ONU contra el racismo (Ginebra), en donde el presidente iraní Mahmmud Ahmadineyad aseguró que el Estado israelí es 'racista'. Los europeos abandonaron la sala. El Vaticano no.

Richard Williamson es uno de los cuatro obispos cismáticos a los que Benedicto XVI levantó la excomunión en enero. El asunto, que de por sí provocó escándalo, pasó a mayores cuando casi simultáneamente el religioso británico declaró en un programa de televisión que se reafirmaba en la negación del Holocausto, que solo 300 mil judíos habían muerto en los campos de concentración nazis y que "ninguno había sido gaseado".

Semejante declaración hizo aflorar la sensibilidad de muchos líderes europeos, entre ellos de la canciller alemana Ángela Merkel, que criticó enérgicamente la decisión. El hecho de que el Papa sea alemán no hizo más que ahondar en el desatino.

Si la reacción fue dura entre los mismos cristianos, ni hablar de la de los demás. El Rabinato de Israel rompió relaciones con El Vaticano y dijo que Benedicto XVI estaba enviando al cesto de basura 50 años de diálogo que comenzó con el Concilio Vaticano II (1962-1965). Ratzinger tuvo que salir a condenar el Holocausto una vez más, y a exigir una retractación de Williamson, algo que la comunidad judía agradeció. Luego vino el episodio de Ahmadineyad. El Vaticano respondió criticando las palabras del iraní, y las tildó de "inaceptables y extremistas". Otro gesto.

Pero el asunto de Pío XII aún no encuentra salida. Algunos líderes católicos pidieron al Papa no viajar hasta tanto no fuera retirada la inscripción. Pero para no torpedear la visita se buscó una solución intermedia: Ratzinger visitará el memorial, pero no el museo. Monseñor Antonio Franco, representante de El Vaticano en Israel explica que ya hay una comisión judeo-católica trabajando para resolver la controversia, pero que no será un tema de discusión durante la visita.

Cosa contraria piensa el rabino David Rosen, reconocida voz en Israel en el tema de la relaciones con otras religiones: "No me sorprendería si se menciona el tema. La polémica es de estilo, y no de contenido". Por eso, por donde se le mire, esta visita a Tierra Santa medirá el calibre de Benedicto XVI en momentos en que, como casi nunca en los últimos tiempos, El Vaticano está en el centro de tantas tormentas.

Foto: AP

Ver Términos y Condiciones.

COPYRIGHT © 2009 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular.