El desafío iraní

El presidente Ahmadinejad, de Irán, se dirige a la cumbre contra el racismo en Ginebra, en la sede alterna de la ONU. Su discurso fue provocador y radical. Foto: AP

La conferencia de la ONU sobre el racismo, que se realizó en Ginebra (Suiza) esta semana, no fue el espacio de solidaridad y buenos propósitos que proponían sus organizadores. Se convirtió en un escenario de conflicto sobre un tema que aún mantiene al mundo severamente polarizado y que -quedó claro- va mucho más allá de la distinción entre blancos y negros.

Sobre la cita pesaba de antemano el recuerdo del fracaso de la Conferencia de Durban (Sudáfrica), que hace ocho años no pudo evitar que los Estados Árabes equipararan al sionismo con el racismo. Ese precedente llevó a Israel, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Italia, Holanda, Australia, Nueva Zelanda y Polonia a negarse a participar en la Conferencia de Ginebra, que recibió el incómodo sobrenombre de 'Durban II'.

El rostro que mejor personifica los temores de los detractores de 'Durban II' es el del presidente iraní, Mahamud Ahmadinejad, quien amenazó en el pasado con "borrar del mapa a Israel" y no ha hecho nada por disimular su convicción de que el Holocausto es un mito. Ahmadinejad fue el único jefe de Estado que acudió a la Conferencia de Ginebra y la sola confirmación de su asistencia motivó un personal pero público pedido del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para que se cuidara de asimilar en su discurso al sionismo con el racismo. Pero el líder iraní aprovechó la tribuna de Ginebra para lanzarse contra la creación de Israel y acusó al Estado hebreo de "haber privado de tierras a una nación entera con el pretexto del sufrimiento judío".

Protestas a granel

Mientras Ahmadinejad hablaba, los representantes de los 23 Estados de la Unión Europea (UE) presentes en la Conferencia se levantaron y, como un solo hombre, abandonaron la sala. El mandatario iraní no se amilanó y acusó a los occidentales de propiciar la creación de un "Estado racista". Nunca mencionó a Israel, a cuya existencia se opone, pero dijo: "enviaron emigrantes de Europa, Estados Unidos y del mundo del Holocausto para establecer un gobierno racista en Palestina ocupada". El tono de las palabras de Ahmadinejad fue calificado por muchos como vil, odioso en incitador. La ONU puso de inmediato un plan de contingencia para salvar la Conferencia después de la diatriba antiisraelí y pidió a los Estados asistentes que no permitieran que Ahmadinejad saboteara la cita. La situación se agudizó el martes, cuando el representante de la República Checa, el país que ejerce la presidencia de la Unión Europea, se retiró de la Conferencia en protesta por las que consideró como declaraciones antisemitas.

Como resultado de los esfuerzos de las Naciones Unidas, y del temor de que nuevos exabruptos rompan la frágil convocatoria, ese mismo día se aprobó un documento oficial sobre el racismo que incluye explícitas referencias al Holocausto -que Irán rechazaba- y que fue acogido sin cambios. La aprobación del documento -un día después de que comenzara la Conferencia- se atribuye al temor de muchos países de que el enrarecido clima y la politización que reina provoquen nuevas deserciones de países y el consiguiente fracaso del foro.

De los conceptos y propósitos consignados en la declaración se refleja la mirada de los asistentes a la Conferencia sobre el racismo en nuestros días, y se dibuja un paisaje mucho más complejo que la simple discriminación por el color de la piel. Según el documento final, "la pobreza, el subdesarrollo, la marginalización, la exclusión social y las disparidades económicas, así como la ocupación extranjera, están íntimamente ligadas con el racismo, la xenofobia y la intolerancia y contribuyen a la persistencia de actitudes racistas que, a su vez, generan más pobreza".

El texto condena los "estereotipos negativos de las religiones incluyendo la islamofobia, el antisemitismo, la cristianofobia y el antiarabismo".

El ministro francés de Relaciones Exteriores, Bernard Kouchner, se levantó para señalar que la Conferencia no fue "un fracaso, sino el principio de un éxito", aunque Kouchner aclaró que tal cosa pasó "a pesar de los disparates antisemitas" de Ahmadinejad.

PUNTOS DE LA DECLARACIÓN FINAL

- Reafirma la declaración y programa de acción de Durban (DDPA) tal y como fue adoptado en la Conferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y la intolerancia asociada.

- Lamenta el aumento del número de manifestaciones de intolerancia y de violencia racial y religiosa, entre ellas la islamofobia, el antisemitismo, cristianofobia y la hostilidad antiárabe (...).

- Recuerda que la esclavitud y el tráfico de esclavos, entre ellos la esclavitud transatlántica, el apartheid, el colonialismo y el genocidio nunca deben ser olvidados, y por eso acoge favorablemente las acciones efectuadas para honrar la memoria de las víctimas.

- Establece que el Holocausto nunca se debe olvidar.     

- Urge a los Estados a impedir las manifestaciones de racismo, de discriminación racial, de xenofobia y de intolerancia asociadas a las zonas fronterizas y puntos de acceso frente a los inmigrantes, los refugiados y los demandantes de asilo, y alienta a los Estados a crear y aplicar programas de formación para los funcionarios de las fuerzas del orden, de los servicios de la inmigración y de los puestos fronterizos (...)

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