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En los años recientes, América Latina no ha sido una prioridad para los Estados Unidos y tampoco lo será ahora pese a las promesas del presidente Barack Obama. El Presidente está dedicado a buscar una salida para la aguda crisis económica por la que atraviesa su país y además enfrenta complejos retos en materia de política exterior, prioritarios para el interés nacional, como las guerras en Irak y Afganistán, la situación de inestabilidad que vive Pakistán y el desarme nuclear de países como Corea del Norte e Irán.
No obstante, en las próximas semanas se abrirá una ventana de oportunidad para el encuentro de la región con el nuevo ocupante de la Casa Blanca que podría ayudar a establecer puentes, sanar heridas y mover la agenda hacia el terreno de lo pragmático y posible. Aparte de las declaraciones de buena voluntad y de la positiva disposición con la que Obama llegó a la Presidencia, el motivo es la Cumbre de las Américas que se realizará en Trinidad y Tobago en abril. Una cumbre a la que Obama ya confirmó su asistencia y que será el primer encuentro bis a bis con los líderes de la región.
Entre los latinoamericanos hay mucha expectativa. Tras años de la política unilateral de la administración Bush y su falsa disyuntiva de que "el que no está conmigo, está contra mí", el ascenso de Obama y sus primeros anuncios -cerrar la prisión de Guantánamo y eliminar restricciones comerciales a Cuba- fueron recibidos con beneplácito. Existe la esperanza de construir una vecindad constructiva con los Estados Unidos.
Washington está aprovechando la oportunidad. En los últimos días lanzó una especie de miniofensiva diplomática en la región de cara a la Cumbre. El fin de semana, por ejemplo, el vicepresidente Joe Biden anunció una gira que lo llevará a Chile a una conferencia sobre gobernabilidad en la que participan, además de Michele Bachelet, los presidentes de Argentina, Brasil y Uruguay, y luego irá a Costa Rica para una reunión con el presidente Óscar Arias a la que asistirán mandatarios centroamericanos.
Por otra parte, la secretaria de Estado Hillary Clinton confirmó un viaje a México para reunirse con su homóloga Patricia Espinoza, y el presidente Obama llamó este lunes a la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirschner y reveló el nombre de Jeffrey Davidow, ex embajador en México, como asesor especial de la Casa Blanca para la Cumbre de las Américas.
Todo se dio en el marco de la visita que hizo a la capital estadounidense el presidente 'Lula' da Silva, el primer mandatario suramericano que se entrevista con Obama. Hasta ahora, los 'sacrificados' en esta ronda de señales diplomáticas han sido los países andinos y particularmente Colombia que, durante la era Bush, ocupó un lugar privilegiado en la agenda.
Si bien el canciller Jaime Bermúdez ya se entrevistó con la secretaria Clinton en Washington, no ha podido organizarse una bilateral de Obama y el presidente Álvaro Uribe de cara a la Cumbre -o en la Cumbre-, y tampoco fue posible que Biden hiciera una parada en Cartagena, a pesar de los esfuerzos de la Embajada de Colombia y de que el regreso de Chile, rumbo a San José, facilitaba una parada en el país.
Barajar de nuevo
La falta de gestos de Washington con Colombia tiene sabor amargo, pero indica que Obama está siendo pragmático a la hora de estructurar sus relaciones con los países de la región. Si durante los años de la administración Bush Colombia ocupó lugar privilegiado como consecuencia de las afinidades ideológicas entre los dos presidentes, estas no reflejaban, ni reconocían, las realidades hemisféricas.