Gobierno de Barack Obama ha tenido que sacrificar promesas de campaña

La secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el presidente chino, Hu Hintao, el pasado 21 de febrero en Beijing. Foto: Efe

En su primera gran gira por el exterior -China, Japón, Indonesia y Corea-, la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, desató un escándalo cuando afirmó que los derechos humanos no deberían interferir en las relaciones comerciales de Estados Unidos y China. "Presionar a China sobre Taiwán, Tíbet y los asuntos de derechos humanos podría interferir con la crisis económica mundial", dijo antes de llegar a Beijing.

Las declaraciones fueron recibidas con sorpresa, pues durante la campaña Obama se presentó como un líder al que no le temblaría la mano para presionar al gran 'dragón rojo'.

Para las organizaciones defensoras de los DD.HH. y amplios sectores democráticos las declaraciones fueron como un baldado de agua fría. Amnistía Internacional, por ejemplo, manifestó estar conmocionada y decepcionada, porque Estados Unidos es de los pocos países que podrían interceder a favor de los derechos humanos en China. Por su parte, Human Rights Watch dijo que al separar el tema de los derechos humanos de otros temas, Clinton reconoció y justificó la estrategia que Beijing ha desarrollado hasta ahora con éxito, en lugar de asumir una posición para convencer a los líderes chinos de que los avances en esa materia, lo mismo que la libertad de prensa y un sistema judicial independiente, le convienen a China.

Pero la realidad es otra y lo cierto es que la crisis económica ha hecho evidente la codependencia entre EE.UU. y China. Washington no solo es uno de los principales importadores de productos chinos, sino que le debe a Beijing cerca de dos billones de dólares.

A las relaciones comerciales y económicas hay que sumarle la preponderancia de China en la arena internacional, pues no solo es uno de los seis actores centrales de las negociaciones con Corea del Norte para que renuncie a su potencial nuclear, sino que es vital en relación con Irán, Myanmar y Sudán. Expertos del Consejo de Relaciones Exteriores aseguran que China podría jugar un papel en Afganistán si apoya a las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN en su propósito de lograr la estabilización del país.

Todos estos temas son prioritarios en la agenda de seguridad estadounidense y necesitan ser abordados con prontitud. Así las cosas, es claro que el gobierno de Obama enfrenta serios obstáculos y que, como anticiparon algunos durante la campaña, tendrá que acudir a la realpolitik para salvarlos, lo cual, en últimas, le harán muy difícil cumplir todas las promesas de campaña. Y el asunto con China no ha sido la primera señal.

En su reciente visita a Canadá y tras reunirse con el primer ministro Stephen Harper, el presidente Obama se retractó de otra de sus grandes promesas de campaña: la renegociación del Nafta. Obama dijo que el ambiente no es propicio para tocar un tratado justo cuando lo que se necesita es el flujo de las exportaciones. Esto podría favorecer movimientos frente al TLC con Colombia y Panamá, frenados desde el año pasado como consecuencia de la retórica electoral.

Una vez más se está haciendo realidad ese refrán según el cual "del dicho al hecho hay mucho trecho". La crisis económica mundial se está llevando de paso los más nobles ideales de campaña del presidente norteamericano.

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