El mayor desafío diplomático de Barack Obama está en Afganistán

Obama, desde la campaña, dijo que Afganistán es una prioridad y así lo ha ratificado ahora. Foto: AP

Y todo indica que ahora, como Presidente, mantiene esa misma posición.

El tema es muy complejo. Un reciente artículo de Newsweek, sostuvo que Afganistán podía convertirse en el "Vietnam de Obama". Y no es que al Presidente le falten argumentos para fijar su atención en ese país. Según los análisis del Pentágono y del Departamento de Estado, en Afganistán se está peleando la más grande de las batallas contra el terrorismo asociado con el extremismo islámico y se le aplica el mismo prisma del 'efecto dominó' con el que los gobiernos estadounidenses de la guerra fría trataban a los países que se aproximaban al comunismo: si "se pierde Afganistán", podría desestabilizarse toda la región.

El problema está en cómo proceder. En los últimos dos años la situación se ha deteriorado. De acuerdo con un estudio del Consejo para la Seguridad y el Desarrollo, en Londres, los talibanes -que perdieron el poder tras la invasión de EE.UU. en 2001- se han reagrupado y hoy controlan el 72 por ciento del país, de un 54 por ciento en el 2007. Ya ni siquiera Kabul, la capital, es una zona segura como lo demuestran los violentos atentados de la semana pasada. Y de acuerdo con un reporte de la ONU de esta semana, el número de civiles muertos por el conflicto en Afganistán aumentó un 40 por ciento en 2008 en relación con el año anterior.     

Obama cree que se debe aumentar el pie de fuerza. Actualmente hay unos 60 mil militares bajo el paraguas de la OTAN. De ellos, 30 mil son estadounidenses, pero el Ejército de este país piensa que, a larga, será necesario duplicar la presencia. El Presidente pretende que la factura se divida con sus aliados en la Alianza. Pero estos no parecen jalar en la misma dirección. 

Para ellos, especialmente Alemania y Francia, el énfasis debería estar en el desarrollo alternativo y no en ofensivas militares. La situación del terreno es, además, muy complicada. La corrupción, decía Newsweek, es endémica y el dinero que entra para reconstrucción, salud y educación termina en manos de políticos o líderes locales. Un ambiente perfecto para que los talibanes crezcan y se desarrollen como fuente de liderazgo, defensa y control a lo largo del país. Especialmente en el sur, en donde han amasado grandes sumas de dinero gracias al comercio de la heroína. (Afganistán produce el 93 por ciento de opio del mundo).

Varios estudios recientes indican que la estrategia ha sido errada, pues el objetivo ha sido el combate a los talibanes y la persecución de miembros del grupo terrorista Al Qaeda, en vez del entrenamiento de una fuerza nacional que pueda controlar el territorio. Según el estudio de Londres, faltarían 5 años para edificar algo parecido.   

Newsweek señala que Afganistán es reconocida como la tumba de grandes imperios. Allí perdieron los ejércitos de Alejandro Magno, fueron derrotados los británicos en el siglo XlX, y sucumbió el poderoso ejército de la Unión Soviética en los ochenta. Seth G. Jones, del Rand Corporation cree que se trata de una exageración. Que Afganistán ni será la tumba de EE.UU. ni un Vietnam para Obama pues la insurgencia (los talibanes) sigue siendo muy impopular y no se percibe, todavía, a la OTAN como un enemigo externo que deba ser derrotado. Falta ver. Lo que parece un hecho es que allí está el gran desafío, no solo militar sino también político, del nuevo Gobierno.

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