Febrero 11 de 2009

Debut de la administración Obama en Europa aclaró que E.U. apoyará a sus aliados, pero exigirá más

La Cumbre de Seguridad realizada el fin de semana en Munich, Alemania, había despertado muchas expectativas porque en ella se definiría la posición del mandatario en política exterior.

Al fin y al cabo, se trataba del debut de la administración Obama con sus grandes aliados de Europa y sus eternos rivales, particularmente Rusia e Irán. En pocas palabras, significaba, nada más y nada menos, que la definición de la política exterior de los Estados Unidos para los próximos cuatro años, y darle vuelta a la horrible página que escribió la administración Bush en los últimos años. 

Joe Biden llevó el mensaje y lo hizo en el tono adecuado, según varios observadores. El Vicepresidente habló de regresar al multilateralismo y de mayor cooperación para resolver problemas comunes, tal como había prometido Obama en la campaña.

A Rusia le dijo que Estados Unidos estaba dispuesto a redefinir las relaciones, pero le pidió no solo más cooperación en frentes como la guerra de Afganistán, el desarme de Irán y Corea del Norte, sino frenar su expansión hacia países satélites y ex repúblicas soviéticas. A los miembros de la OTAN les prometió "hablar, compartir y dialogar". Y a Irán le tendió una rama de olivo. Ofreció diálogo e incentivos siempre y cuando el país abandone su plan de fabricar armas nucleares.

Las palabras de Biden fueron bien recibidas por Serguei Ivanov, viceprimer ministro ruso, quien afirmó que Washington enviaba un "claro mensaje" que su país recibía en forma positiva. Por su parte, el representante de Irán expresó el deseo de sentarse a la mesa con la nueva administración. "Pasemos de un ring de boxeo a un tablero de ajedrez", dijo el vocero de Teherán.

Pero si bien Biden no se comportó como un halcón, tampoco desplegó alas de paloma. "La buena noticia es que América hará más -dijo-. La mala noticia es que pediremos más de nuestros amigos". En resumen, Washington está dispuesta a ceder parte de su hegemonía como una única súperpotencia a cambio de que los aliados asuman la responsabilidad. Particularmente en la guerra de Afganistán, frente a la cual Estados Unidos viene jalonando los esfuerzos de la OTAN.

Y es en este punto en el que se perfilan los primeros problemas de la renovada relación. Si bien países como Inglaterra están dispuestos a asumir la tarea y aceptar el reto, otros como Alemania no expresan el mismo entusiasmo. Al menos no desde la perspectiva de Washington, pues se inclinan más por programas de desarrollo alternativo y de ayuda a la población, que por el combate frontal contra los talibanes.

En la Cumbre también quedó claro que para la OTAN será difícil diseñar una política común con respecto al Kremlin, pues mientras Francia habló con energía sobre la necesidad de poner límite a las ambiciones de Putin, Alemania -más necesitada del gas ruso- pidió paciencia.

Y aunque al final todos salieron contentos porque la cordialidad primó sobre la confrontación, en el ambiente no solo quedó claro que no le darán al nuevo presidente Barack Obama un cheque en blanco, sino que el nuevo presidente de Estados Unidos tampoco está dispuesto a girarlo.

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