Noviembre 19 de 2008

'Boom' narco en Argentina

Escandalosos crímenes, allanamientos y decomisos, detenidos de diferente nacionalidad, evidencian hasta qué punto se ha instalado el narcotráfico.

Al principio se trataba solo del tránsito. Narcos colombianos, bolivianos, peruanos, paraguayos y dominicanos ingresaban marihuana y cocaína para el mercado local y para sacarla por mar o aire hacia otros destinos. Con el cambio de protagonismos a nivel mundial, los mexicanos tomaron fuerza en el control del negocio, y a la cocaína se sumaron las drogas de diseño como el éxtasis y la metanfetamina, gracias a la apertura existente en Argentina para la compra y venta de efedrina, precursor químico utilizado en su fabricación. Pronto descubrieron las facilidades para la producción local, instalaron laboratorios en zonas de frontera y el cono urbano bonaerense, y empezaron las alianzas entre las bandas y grupos locales para liderar el procesamiento y el tráfico.

El asesinato de los empresarios Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leopoldo Bina, ocurrido en agosto en General Rodríguez, provincia de Buenos Aires, fue el detonante del escándalo. La investigación alrededor del hecho ha involucrado comerciantes, industriales y funcionarios, demostrando la progresiva consolidación de una mafia local seducida por las enormes ganancias de este negocio ilícito.

El crimen fue relacionado con otros hechos policiales: el allanamiento el 18 de julio de un laboratorio de drogas sintéticas en Ingeniero Maschwitz, provincia de Buenos Aires, en el que fueron detenidos nueve mexicanos junto con el argentino Luis Marcelo Tarzia, buscado por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA); y el asesinato el 24 de julio, a manos de sicarios en el Unicenter Shopping, de los colombianos Jorge Quintero y Héctor Duque, identificado como colaborador del desmovilizado paramilitar Carlos Mario Jiménez, alias 'Macaco', extraditado a los Estados Unidos por narcotráfico. En el atentado salió ileso el colombiano Julián Jiménez Jaramillo.

Desde hace varios años, carteles de México y Colombia han establecido alianzas para el tráfico de cocaína, pero también para la producción de drogas sintéticas o "de diseño" como el éxtasis y la metanfetamina, dado el importante incremento en su consumo en el mundo, que según el Informe 2008 de la Oficina de la ONU para las Drogas y el Delito (ONUDD), supera ya al de la cocaína y la heroína juntas.

Para el rentable negocio necesitan efedrina, un químico que proviene del arbusto llamado efedra, el cual produce un efecto similar al de la adrenalina y está contenido en antigripales de venta libre. Para conseguirla pueden extraerla de los medicamentos de uso común mediante procesos de separación del principio activo, o comprarla directamente en alguno de los pocos países donde está permitida.

La efedrina fue prohibida en México desde principios del año, lo que incrementó el interés de los carteles en Argentina. En los dos últimos años la importación se quintuplicó y el contrabando hacia el país azteca aumentó casi seis veces. Y aunque fruto del escándalo, recientemente el gobierno puso límites a este comercio, los traficantes podrían estar bien abastecidos para continuar sus operaciones.

Fichas clave

La primera conexión entre los hechos policiales fue Forza, propietario de droguerías investigadas por la adulteración de medicamentos prohibidos y la entrega de cheques sin fondos. Sería presentado a los mexicanos por Tarzia, a fin de que sirviera de puente con dueños de droguerías y laboratorios quebrados, a quienes los mexicanos ofrecían dinero para levantar sus deudas a cambio de que se inscribieran en el registro de la Secretaría Antidrogas de Argentina, Sedronar, e importaran efedrina en forma legal. El propio Forza desviaría la sustancia para proveerla a los narcotraficantes mexicanos. Además, llamadas registradas entre él y Jiménez Jaramillo, sobreviviente del Unicenter, evidencian que también estaría relacionado con los colombianos.

Aunque en un principio se pensó en ajustes entre carteles, han tomado fuerza hipótesis que apuntan a que los argentinos le incumplieron a los mexicanos en una entrega, en la cantidad de material o en la calidad del mismo.

En diálogo con CAMBIO, Claudio Izaguirre, director de la Asociación Antidrogas de la República Argentina (AARA), señaló que los narcotraficantes están desarrollando su negocio con el dinero suficiente para comprar cobertura judicial, complicidad política e inoperancia policial, y afirma que ya puede hablarse de una mafia especializada en la producción y exportación de drogas, aunque aún se encuentra en una segunda línea de importancia frente a los carteles tradicionales.

Para este organismo privado, dedicado a la prevención, veeduría de la gestión pública y soporte a las comunidades, se trata de un problema de gran envergadura, estimulado además por la apertura en materia migratoria y la falta de control al lavado de dinero.

Por el momento, las autoridades concentran esfuerzos en destapar la ruta de la efedrina y de la cocaína, y en este proceso, tres hechos ocurridos la semana anterior prometen arrojar nuevos elementos para continuar armando la historia. Por una parte, llegó extraditado desde Paraguay el mexicano Jesús Martínez Espinosa, conocido como 'el rey de la efedrina', sindicado de liderar la banda de producción de drogas sintéticas detenida en julio y de quien se tienen probados vínculos con Tarzia y Forza. De otro lado, fue allanada una lujosa mansión propiedad del argentino Hernán de Carli, donde se encontraron armas, credenciales falsas de la DEA e indicios de su conexión con los mexicanos y con los empresarios asesinados. Y en tercer lugar, se decomisaron 750 kilos de cocaína que según las autoridades fueron ingresados por narcos colombianos desde Perú y Bolivia, para ser vendidos a miembros del Cartel de Sinaloa, quienes los enviarían por barco a España. En este operativo fueron detenidos dos mexicanos, uno de los cuales está sindicado de integrar la banda de drogas sintéticas detenida en julio, lo que conecta nuevamente las distintas causas.

Ante tantas preguntas por responder, seguramente el tema permanecerá en los primeros lugares de la agenda pública y en las conversaciones cotidianas de los argentinos, quienes, a juzgar por los comentarios que hacen a través de los medios, no se habían percatado del grado de presencia del narcotráfico, hasta que ciertos hechos que creían exclusivos de otros países latinoamericanos y que tangencialmente veían por televisión, empezaron a darse en su propio territorio.

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