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Las elecciones de este año no son la excepción. Diez estados -Florida, Nevada, Carolina del Norte, Missouri, Indiana, Montana, Colorado, Ohio, Virginia y Nuevo México- definirán la contienda. Lo que hace diferente este ciclo electoral y que refleja la precaria situación en que se halla McCain, es que en estos estados ganó Bush en 2000. Y en algunos, como Virginia, Carolina del Norte e Indiana, por holgados márgenes de más de 10 puntos.
Según las últimas encuestas, esos 10 estados estarían inclinándose a favor de Obama. En Florida, Nevada, Carolina, Missouri e Indiana, la diferencia entre los dos candidatos es mínima -menos de dos puntos-, según las encuestas, lo que indica que McCain podría retenerlos. Y en Ohio, Nuevo México, Colorado y Virginia, la ventaja está por encima de seis puntos. McCain tiene las cosas cuesta arriba. Si se llevara solo los estados en los que está atrás por solo dos o tres puntos, sumaría 232 votos en el Colegio Electoral, lo cual está lejos de ser suficiente. Así que no solo deberá ganar en estos, sino sumar a Ohio, Colorado y Nuevo México para obtener 270 y ganar 'ras con apenas'. El problema es que en Ohio, Obama le lleva seis puntos, en Virginia siete y en Nuevo México ocho. Nada fácil.
Para ponerlo en contexto, hay que decir que si McCain lograra conquistar los votos de los seis estados que están en el aire, y Obama los de aquellos que se han mostrado claramente a su favor, el demócrata obtendría 306 votos del Colegio Electoral. Toda una barrida.
Congreso en juego
A la par que presidente, los estadounidenses también elegirán un nuevo Congreso, lo cual pone en juego la totalidad de las curules de la Cámara y un tercio del Senado. Y también habrá noticia. En la actualidad, los demócratas son mayoría en la Cámara, donde tienen 235 de los 435 asientos, mientras que en el Senado están empatados 49-49, pero aun así son mayoría porque los dos senadores independientes que tiene esta corporación suelen votar con ellos.
Ahora, gracias a la marea que ha generado Obama, los demócratas podrían arrasar en las elecciones. Según los últimos cálculos, podrían recuperar por lo menos 15 curules en la Cámara, con lo cual pasarían a tener una cómoda ventaja de 260. En el Senado, la situación es más interesante aún. Es probable que puedan sumar, por lo menos, 58 asientos, que unidos los dos independientes se traducirían en la práctica en 60, lo que marcaría toda la diferencia.
Bajo las normas del Senado, cualquier legislador puede bloquear una iniciativa mediante una práctica conocida como filibusterismo, que consiste en mantener la palabra hasta que expira el tiempo previsto para aprobar una ley. La única manera de frenar este curioso método es con 60 votos. Con la distribución actual del Congreso, los demócratas aprueban con facilidad proyectos en la Cámara pero luego la minoría republicana, accediendo a esa práctica, los bloquea en el Senado, lo cual obliga a negociar.
Si en las elecciones del 4, los demócratas logran los 60 votos, su poder será ilimitado. Algo que no prueban desde los años setenta durante la administración del presidente Jimmy Carter, y que les permitiría sacar adelante su agenda sin oposición. Aun más, si gana Obama el poder sería total: Casa Blanca y Congreso en manos del Partido Demócrata. Las elecciones están como para alquilar balcón.