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A menos de un mes del inicio de las hostilidades entre Georgia y Rusia, desatadas el 7 de agosto por el presidente georgiano Mijail Saakashvili que lanzó una ofensiva militar para sofocar el movimiento independentista en Osetia del Sur y "restaurar el orden en la región", y que Rusia respondió en forma desproporcionada para defender una zona bajo su jurisdicción, el escenario se aproxima al de la Guerra Fría que se consideraba superada.
Según filtraciones de los servicios secretos de la Organización para la Cooperación y la Seguridad Europea -recogidas por el semanario alemán Der Spiegel-, la acción militar fue preparada durante varias semanas y no fue una respuesta a provocaciones osetias como algunos políticos dijeron en un principio. Además, es la primera vez desde 1991 que Rusia usa la fuerza para asegurar su dominio.
La guerra ruso-georgiana ha desencadenado una escalada preocupante. La Casa Blanca estudia romper los acuerdos de colaboración en materia nuclear con Rusia; Polonia decidió admitir en su territorio el escudo antimisiles de Washington; Moscú ensayó, al parecer con éxito, un misil antiescudos, y el mar Negro se ha ido llenando de buques de guerra con supuesto interés humanitario. Por parte de la OTAN, barcos estadounidenses, griegos, españoles, alemanes y polacos desarrollan maniobras allí, según dicen "previstas con anterioridad". Rusia mantiene en esas aguas una parte sustancial de su flota, mediante acuerdos que Georgia trata de anular.
Ante este panorama, observadores internacionales se preguntan por las certezas que impulsaron al presidente georgiano a emprender una ofensiva militar con tan previsibles y funestas consecuencias, y si Estados Unidos apoyó la operación. En todo caso, existe la certeza de que el presidente Saakashvili comparte asesores con el candidato republicano John McCain. De ahí las declaraciones del primer ministro Vladimir Putin a la CNN, con la capital osetia aún envuelta en humo: "La sospecha es que alguien en EE.UU. diseñó especialmente este conflicto con el objetivo de hacer la situación más tensa y crear una ventaja competitiva para uno de los candidatos que lucha por el puesto de presidente del país".
Se equivocó Saakashvili si creía que su postergada candidatura a entrar en la OTAN y sus declaraciones en el sentido de que Osetia del Sur "amenaza los valores americanos" iban a suponer un apoyo a su aventura. Todo lo contrario. La OTAN sabe a lo que se expone si da luz verde a la entrada de países como Georgia o Ucrania, que libran contenciosos territoriales.
Por su parte, el influyente diario alemán Die Welt se preguntaba, tras una reciente visita del presidente georgiano a Berlín, si puede ponerse el destino de la Unión Europea y de la OTAN en manos de un hombre "cuyo dinamismo sobrepasaba ampliamente su capacidad de juicio".
Y en cuanto a Rusia, y a la luz de la vieja doctrina del Kremlin de dominar a su "extranjero próximo", no podía esperarse que no actuara para garantizar la seguridad de los osetios, la mayoría de los cuales tiene pasaporte ruso y se considera hermano de Osetia del Norte.
Resortes del poder
La consecuencia inmediata de esta "guerra de los cinco días" fue el reconocimiento por parte de Rusia de Osetia del Sur como nación, con argumentos similares a los que Occidente empleó para, al margen de la ONU, reconocer a Kosovo como Estado independiente: acción humanitaria, forzar la paz, impedir la limpieza étnica. También reconoció a Abjasia, otra nación sin Estado, patria de una mayoría pro-rusa -300.000 tienen pasaporte ruso-, que sufrió a comienzos de los noventa una cruenta guerra contra Georgia, que dejó más de 10.000 muertos y 250.000 desplazados.
Esta guerra le ha servido a Rusia de coartada para mostrar su vocación de recuperar, en lo posible, su antiguo imperio, y la forma como se mueven los resortes del poder en Moscú. En toda la crisis, el jefe del Estado Dimitri Medvedev hizo de portavoz de Putin, el jefe de gobierno, el verdadero poder detrás del trono. Medio día antes de que Medvedev reuniera en Moscú al Consejo de Seguridad y declarara que haría todo por defender "la vida y el honor de los ciudadanos rusos", el Ejército y los bombarderos ya estaban en marcha, siguiendo órdenes de Putin, quien regresó de los Juegos Olímpicos de Beijing al centro militar de Vladikavkaz, y de hecho sustituyó a Medvedev al frente de las Fuerzas Armadas. Cuando el 12 de agosto, cinco días después del inicio de las hostilidades, Nicolas Sarkozy, en calidad de presidente de la UE, llamó repetidamente a Medvedev desde la capital georgiana, la respuesta era: "Está durmiendo". En realidad, estaba haciendo tiempo para recibir instrucciones de Putin.