La primera guerra post URSS

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Medvedev, especialista en Derecho Romano, sabe poco de guerras y además le viene bien que el 'viejo zorro' de la antigua KGB controle a los halcones que en el Ejército no han dejado de explotar la provocación georgiana para "llegar hasta el fin" y extender el poderío militar ruso.

Putin cultiva una imagen  centrista, pues los nuevos oligarcas liberales de la Rusia capitalista se enfrentan sordamente a las Fuerzas Armadas y a los servicios secretos por el costo de la guerra: 7.000 millones de dólares en los tres primeros días de ofensiva en suelo georgiano.

El chileno Jorge Edwards recordaba en estos días la sentencia de Ambrose Bierce: "Las guerras son los medios que emplea Dios para enseñarnos geografía". La de Georgia, resuelta mal que bien, invita a reconocer  territorios inmensos de Eurasia donde podrían desencadenarse en el futuro nuevos conflictos con los mismos argumentos que un día desataron la primera acción militar de la OTAN para apoyar la independencia de Kosovo, y que en estos días dieron lugar a la de Osetia y de Abjasia.

Ucrania incluye la península de Crimea, en su puerto de la histórica Sebastopol, base de gran parte de la flota rusa. Crimea es una región de población mayoritariamente rusa. En abril de 2004, el Parlamento ruso ratificó las fronteras y la integridad territorial mediante un acuerdo en el que Putin se empleó a fondo frente a nacionalistas y comunistas liderados por el actual embajador en la OTAN, Dimitri Zogozin. Una chispa en esa zona, mucho más peligrosa que Georgia, sería un buen pretexto para los belicistas del poder ruso.

Existe la Asociación para la Democracia y el Derecho de los Pueblos, con sede en Moscú, que agrupa a las minorías autonomistas pro-rusas en Trandnieter, Moldavia; Abjasia y Osetia, hasta ayer Georgia,  y Alto Karabaj, Armenia. Simétricamente, la GUAM, creada en 1997 bajo el auspicio de los EE.UU., agrupa a Georgia, Ucrania, Azerbaiyán y Moldavia. Cualquier cosa en uno u otro lado podría desatar un incendio en alguno de estos inmensos territorios de la antigua URSS y dar al traste con el endeble orden geopolítico organizado tras la Guerra Fría.

El primer conflicto armado en el espacio post-soviético ha servido para poner a prueba la endeble salud de las organizaciones internacionales. La ONU ha mostrado su ya habitual encefalograma plano. Una semana después del inicio del conflicto, cuando los muertos y los desplazados se contaban por miles, habló tímidamente de crear una "fuerza de paz", previendo que cualquier condena tajante en el Consejo de Seguridad sería vetada por Rusia y China. Y la OTAN ha sido una derrotada "virtual", pues  la ofensiva militar de Georgia pareció contar de antemano con su apoyo, dada su candidatura en trámite de adhesión.

En realidad, el enfrentamiento ha servido para aplazar el ingreso de Ucrania y Georgia a la OTAN, que postularon sus candidaturas en la cumbre de abril en Bucarest, pues aceptar a estos Estados con minorías separatistas armadas sería introducir un riesgo seguro  de futuros conflictos.

Y Europa, escenario en el siglo pasado de dos guerras devastadoras, no desea más aventuras bélicas sino encontrar un camino para su consolidación, que aparece cada vez más incierto. Las potencias del Viejo Continente dependen del suministro de petróleo y gas que les llega bajo el control ruso. Por eso la cumbre europea reunida con urgencia el pasado lunes, no generó sanciones efectivas sino que acordó una vuelta al statu quo anterior a la guerra, que reconoce a Rusia como fuerza de paz en territorio osetio, aunque condenó la declaración de independencia de Osetia y de Azerbaiyán.

Mientras tanto, Rusia intenta revitalizar la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Europeo para lograr una independencia del continente de la tutela estadounidense, que en gran parte depende del resultado electoral entre McCain y Obama. 

En todo caso, la mayor parte de los Estados europeos, con excepción de la poco europeísta Gran Bretaña y de los recién llegados del Este, resentidos justamente por la dominación imperialista soviética, se plantean un cambio de actitud frente a Rusia, que empieza por poner sobre el tablero las debilidades del mapa post-soviético. Razón tiene John Roberts, experto en seguridad energética, cuando dice: "Los últimos días han demostrado que los llamados 'conflictos congelados', no son más que volcanes cubiertos de nieve".  

Por Antonio Albiñana,
periodista y analista internacional

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