Es un mercado creciente en el país azteca, en el que quienes deciden implantárselos pueden ser localizados vía satélite.
La empresa mexicana Xega se ha convertido en una de las más famosas de México. ¿La razón? A quien esté dispuesto a pagar 4.000 dólares (unos siete millones de pesos colombianos) le instalan un chip por debajo de la piel, que le permite a la compañía rastrear su posición vía satélite.
La idea es novedosa y parece sacada de una película de ciencia-ficción, pero en realidad deja al descubierto una terrible realidad que sacude al país azteca: el impresionante auge del secuestro. De acuerdo con estadísticas oficiales, el flagelo en esta nación ha crecido en más de un 80 por ciento en lo que va de este año. Pese a que la Secretaría para la Seguridad Pública habla de 751 secuestros documentados, la Comisión para los Derechos Humanos de México sostiene que la cifra podría ser tres veces más alta, pues la mayoría no reporta el crimen, porque desconfía de las autoridades. A eso habría que sumarle otros 6.500 casos de lo que en México han bautizado como el 'secuestro express': retener a una persona mientras entrega todo el dinero a través de cajeros automáticos. Es el 'paseo millonario', como se conoce en Colombia.
El fenómeno no es nuevo. Desde hace más de 10 años la cifra supera los 500 secuestros anuales. Lo que preocupa ahora, no obstante, es su exponencial crecimiento y las tácticas de los secuestradores. Según Sergio Galván, director comercial de Xega, hasta hace poco los criminales se enfocaban en gente rica y reconocida como industriales o terratenientes. "Ahora están llegando a la clase media", dice Galván cuya compañía presentó un crecimiento del 13 por ciento en el 2007.
La historia del ascenso de Xega es muy elocuente sobre las crecientes dimensiones del problema. Inicialmente la empresa se dedicaba a rastrear autos robados a través de una tecnología similar. Pero en el 2001, su dueño fue secuestrado a plena luz del día sin que pudiera hacer nada. Allí surgió la idea de adaptarle el chip a las personas. Xega entrega a sus clientes, además, un dispositivo o botón de pánico para que puedan avisar en caso de temer un secuestro. Ellos, a su vez, informan de inmediato a las autoridades. El servicio, además del costo inicial de la instalación del chip, cuesta 2.000 dólares anuales.
Clientes de familias acomodadas y grandes empresas, pero también de la clase media, están llegando ahora en masa a solicitar sus servicios. Especialmente tras el caso de Fernando Marti: un joven mexicano de 14 años que fue asesinado por sus secuestradores a comienzos de este mes pese a que su adinerada familia pagó dos millones de dólares para su liberación.
Los directivos de Xega tienen planes de expandir sus operaciones a Colombia y Venezuela el año entrante. Donde, sin duda, pero desgraciadamente, tienen un mercado por satisfacer.