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El problema es que la reacción de Estados Unidos y la OTAN a la nueva ofensiva talibán -que ha dejado decenas de civiles muertos- le está restando apoyo popular a las fuerzas internacionales que son vistas cada vez más como fuerzas de invasión. Sima Samar, presidente de la Comisión para los Derechos Humanos de Afganistán, sostiene que si la OTAN no actúa con más cuidado, arriesga perder la confianza de la gente, lo que hará mucho más difícil la pacificación del país.
A esto se suma la protesta de varios sectores políticos que ponen contra las cuerdas al presidente Karzai. "Están bombardeando pueblos enteros solo porque sospechan que hay talibanes -sostiene Ahmad Shah Ahmadzai, presidente del Takbeer, uno de los partidos más fuertes-. Matan a 20 por dar de baja a un talibán y luego dicen que lo sienten mucho. Por eso la gente está perdiendo la confianza en el gobierno y en sus aliados internacionales".
Que la confianza está en baja, no cabe duda. Una encuesta reciente hecha en Kabul indica que más del 60 por ciento de la población quiere que la OTAN salga del país. Una situación muy parecida a lo que sucedió en Irak. Y ya el mundo sabe lo que ocurre cuando los ciudadanos ven en el ocupante al enemigo y no al libertador.