Acercamientos de Rusia con Cuba y Venezuela generan nerviosismo en Estados Unidos

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Medvedev -considerado el delfín del primer ministro Vladimir Putin- se ha dedicado a la tarea de recuperar el nombre de Rusia como superpotencia mundial, respondió con cautela y escogió con cuidado sus palabras para explicar la posición de su país: ambas naciones trabajarían para lograr "un mundo más democrático, justo y seguro", dijo.

Pese al tono diplomático de Medvedev, los republicanos de línea dura en Estados Unidos lo interpretaron de otra manera. "La alianza Moscú-Caracas es un nefasto recordatorio de la alianza entre la Unión Soviética y Cuba", dijo Connie Mack, legislador por el estado de Florida. Eso está por verse. Pero es claro que desde la llegada de Chávez a la presidencia en 1999 ha convertido en prioridad neutralizar la influencia política, económica y militar de Estados Unidos en la región.

La estrategia de Chá-vez se ha concretado, por un lado, en el apoyo a proyectos políticos de izquierda y con el fortalecimiento de relaciones comerciales que se afianzan con su buen momento económico. Por el otro, con la creación de un aparato militar que pueda responder a una eventual intervención armada de Estados Unidos.

Colombia está en la mitad del sánduche de la carrera armamentista. Han circulado versiones -negadas por el ministro de Defensa Juan Manuel Santos- de que Estados Unidos podría trasladar a La Guajira la base militar que tiene en Manta, Ecuador, para reactivar la Cuarta Flota que hace parte del Comando Sur, y que comenzó a operar este mes por los mares del Atlántico y Pacífico tras casi 60 años de inactividad. La Flota, según el Pentágono, se dedicará a la lucha contra los narcóticos y al entrenamiento e intercambio con países amigos. Pero, comandada por el almirante Joseph Kernan -un estratega de guerra- genera muchas suspicacias en Venezuela.

La alianza militar con Rusia, para Chávez, tiene un alto valor estratégico. Implica acceso al mercado de armamentos que está cerrado para Venezuela en el mundo occidental, e implica una convergencia política con un país cada vez más incómodo para la Casa Blanca y sus aliados. Un cuadro que difícilmente podría revivir las épocas de tensión de los años sesenta, pero que sin embargo le va a quitar el sueño a funcionarios claves de los departamentos de Estado y de Defensa de los Estados Unidos.

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