Julio 16 de 2008

Un ataque contra Irán es menos imposible de lo que se cree

Sería una respuesta a su insistencia en el programa nuclear.

LA POSIBILIDAD DE UN ATAQUE militar contra Irán en respuesta a su insistencia en desarrollar un programa nuclear con fines bélicos -según Occidente- ha vuelto a sonar y con mucha fuerza. De acuerdo con John Bolton, ex representante de Estados Unidos ante la ONU y muy cercano a la administración Bush, ya existe hasta una fecha: tan pronto como pasen las elecciones presidenciales, previstas para el 4 de noviembre. El pronóstico de Bolton coincide con un recuento del periodista  Seymour M. Hersh, de la revista New Yorker, en el que asegura que Estados Unidos ha comenzado a financiar grupos de oposición en Teherán y ha enviado miembros de sus fuerzas especiales al interior del país para avanzar en los preparativos.

En Israel, por otra parte, los rumores sobre un posible ataque son muy frecuentes. Según la prensa de este país, las maniobras militares que viene realizando Telaviv en el Mediterráneo son preparativos para un eventual bombardeo contra las facilidades nucleares de Irán. Así, también, lo interpretó el Pentágono. "Israel quiere que Europa, E.U. e Irán, entiendan que si fracasan las negociaciones para un desarme iraní, apelarán a un ataque unilateral", dice una fuente militar del The New York Times. Y escribe la revista The Economist: "El reloj israelí ha comenzado a correr. Muchos en el país tomarán cualquier riesgo con tal de evitar que un país que llama a su destrucción, pueda adquirir las armas para llevarlo a cabo".

Los tambores de guerra, en parte, explican la reacción iraní de la semana pasada, cuando hizo una serie de pruebas con misiles de largo y medio alcance que estarían dirigidos, dijo Teherán, "contra Israel y la flota de E.U. en el Golfo Pérsico". Bush insiste en que buscará el diálogo, pero no ha descartado un ataque militar. "Esa opción está sobre la mesa", sostuvo Bush al enterarse sobre la prueba realizada por Irán.

El escalamiento de las tensiones se produce justo cuando Occidente, principalmente Europa, parecía haber llegado a un "entendimiento" con Irán sobre un paquete de medidas de asistencia a cambio de la suspensión del programa nuclear. Según la prensa iraní, los ayatolas estarían dispuestos, incluso a suspender el enriquecimiento del uranio -paso previo a la construcción de un arma nuclear- mientras se concreta el paquete de asistencia.

Pero en Washington y en otras capitales y centros de poder existen graves inquietudes sobre lo que podría traer una guerra. Una confrontación con Irán sería catastrófica. Mohamad ElBaradei, el jefe de la ONU para el desarme nuclear, pronosticó "una bola de fuego en la región" si se llevara a cabo un ataque. Shlomo Ben-Ami, ex ministro de Relaciones Exteriores de Israel, y Trita Parsi, presidenta del Consejo Nacional Americano-iraní, alegan que un bombardeo no destruiría ni las supuestas fábricas clandestinas que tiene el país ni los conocimientos nucleares que ya posee. Existe la sospecha de que tras la elevada retórica hay un juego táctico. Estados Unidos no tiene la capacidad de abrir un nuevo frente de batalla además de los de Irak y Afganistán. Según el almirante Michael Mullen, jefe de las Fuerzas Conjuntas, "abrir un tercer frente sería extremadamente pesado para nosotros".

Y Bush, a escasos seis meses de terminar su mandato, no cuenta con el capital político necesario para una aventura semejante.

Otra preocupación tiene que ver con las implicaciones de un eventual conflicto sobre los precios del petróleo. Irán lo sabe y su gobierno cree que lo puede utilizar a su favor. Pero también entiende que un ataque podría retrasar sus ambiciones nucleares. Por lo tanto le sirve el "statu quo, que lleva manejando desde hace años y que lo beneficia pues dispara el valor del crudo, que es una de sus principales fuentes de ingresos.

El problema con este tipo de estrategia es que cualquier tropiezo podría desembocar en una crisis irreversible. Un avión israelí que se acerque mucho a la frontera, o alguien con el gatillo ligero podría desatar un conflicto que nadie, al parecer, desea.

BAJA LA TENSIÓN ÁRABE-ISRAELÍ

¿La paz está más cerca que nunca? Eso dijeron esta semana los líderes de Israel y Palestina durante una cumbre organizada en París entre los miembros de la Unión Europea y los países mediterráneos, entre ellos casi todos los árabes más el Estado judío.

Ehud Olmert y Mahmoud Abbas no dieron mayores detalles para explicar su renovado optimismo. Y la comunidad internacional, en general, reaccionó con cautela a una promesa que se viene escuchando desde hace años pero que pocos frutos ha cosechado. El año pasado en Anápolis, Maryland, la administración Bush lanzó un último esfuerzo para buscar un entendimiento entre las partes. Aunque las negociaciones han ido avanzando, los problemas siguen siendo los mismos: el estatus final de Jerusalén, la colonización en los territorios ocupados y la amenaza permanente de Hamas, algunas veces con morteros, que hoy controla la ciudad de Gaza.

En Europa, particularmente Francia, los nuevos acercamientos se vieron como una "movida conveniente" para los involucrados. Olmert, sacudido por un escándalo de corrupción que lo tiene contra las cuerdas, necesita de anuncios importantes para mantenerse con vida. Abbas ha perdido juego desde que Hamas ganó las elecciones parlamentarias y el dominio de Gaza, mientras que el presidente Francés Nicolas Sarkozy, que ahora preside la Unión Europea, está embarcado en un ambicioso proyecto que busca catapultar a su país como el gran unificador de la región, ante el vacío dejado por Estados Unidos. La Cumbre, que dio vida formal a la Unión del Mediterráneo, tuvo sus méritos. Además del anunció de israelíes y palestinos, Siria y Líbano concretaron el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas, rotas desde el asesinato del ex primer ministro libanés, Rafiq Hariri, en el 2005, y tras las acusaciones de Beirut por la supuesta participación de Damasco en el magnicidio. 

"¿Cómo podemos lograr la paz en esta parte del mundo si no construimos la confianza, si no extendemos la mano de la paz y tomamos la iniciativa?", fue el razonamiento que esbozó el presidente francés al explicar la nueva alianza. Pero como escribía la revista británica The Economist, el mundo ya está lleno de grupos y pactos que no poseen poder real para modificar la realidad del terreno y tampoco se ha traducido en gobernabilidad. Eso es lo que está por verse.

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