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Pero con México es a otro precio. Este país recuerda con amargura los años de la "certificación" a la lucha contra las drogas y muchos creen que es el primer paso de Estados Unidos para ejercer control a su antojo sobre la frontera sur. Además, está muy arraigada la idea de que la violencia en México es alimentada por el apetito estadounidense por las drogas.
"Convertir esta iniciativa en una forma de escrutinio institucional a nuestras fuerzas armadas y a nuestro gobierno es más que un insulto", ha escrito el analista Federico Reyes en el diario mexicano Reforma.
El gobierno mexicano sabe que, en su redacción actual, la Iniciativa Mérida se traducirá en fuertes dolores de cabeza que no necesita Calderón. "Hay ciertos aspectos de esta ley que son inaceptables para nosotros", dice Juan Camilo Mourino, uno de los asesores más cercanos al presidente mexicano. Pero el Congreso estadounidense, controlado por demócratas, no parece dispuesto a considerar los reclamos. "Lo menos que podemos exigir es que el dinero de nuestros impuestos se gaste bajo estándares básicos en DD.HH.", le aseguró a CAMBIO el vocero de la oficina del senador Patrick Leahy. Entre los legisladores de Estados Unidos, además, existe gran desconfianza dados los altos niveles de corrupción en México, particularmente en el tema de las drogas. De hecho, las exigencias podrían crecer si Barack Obama gana la Presidencia.
Algunos analistas como Andrew Selee, del Woodrow Wilson Center, creen que, pese a todo, las noticias no son malas. "Esta es una relación difícil. Lo importante es que ambos países aceptan que tienen que cooperar", dice. Eso, por lo menos, parece obvio si ponen en consideración los violentos enfrentamientos de los últimos meses entre las autoridades antinarcóticos y los carteles. En lo que va del año han muerto más de 2.000 personas en esta guerra, entre ellos el mismo jefe de la Policía antidrogas. Decenas de oficiales han sido asesinados y muchos más, ante las amenazas, están renunciando a sus cargos.
Falta mucho camino por recorrer. Y faltan piezas por resolver, como el peligro de que la Iniciativa Mérida termine empujando a los carteles hacia Centro- américa. Pero mexicanos y estadounidenses pronto tendrán que dejar a un lado su nacionalismo y pactar alguna fórmula porque lo cierto es que no solo el problema les compete a ambos sino que ignorarlo será peor para los dos.