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GANE O PIERDA LAS ELECCIONES presidenciales en Estados Unidos el próximo 4 de noviembre, el senador Barack Obama ya tiene asegurado un lugar en la historia: la del primer afroamericano en obtener la candidatura de uno de los dos partidos tradicionales.
Lo más interesante es que tiene opciones reales de ocupar la Casa Blanca a partir de enero de 2009. De allí el tremendo impacto que generó su nominación pese a que estaba cantada desde hacia por lo menos un mes. Para un país con los antecedentes de racismo y segregación que tiene Estados Unidos, la victoria de Obama marca un hito que dice mucho sobre la evolución social de una nación que hace solo 40 años enterraba a un presidente, John F. Kennedy, solo por pensar diferente.
"¿Un candidato negro?¿Un presidente de color? Todavía me tengo que pellizcar para saber que no estoy soñando. Pensé que moriría sin ver este día llegar", dijo emocionado el profesor Roger Wilkins, de la Universidad de George Mason en Virginia.
Así como su triunfo, su historia personal y la de su ascenso hasta la nominación demócrata son sorprendentes. Hijo de padre africano oriundo de Kenia y de una madre blanca en el rural Kansas, Obama nació en Hawai, en agosto de 1961. A los dos años sus padres ya estaban separados y antes de cumplir los seis vivía en Indonesia, donde su madre se trasladó para acompañar a su segundo esposo, del que también se divorció. Las correrías transatlánticas y la poca estabilidad llevaron a la progenitora a encomendar la educación del joven a sus abuelos, con los que Barack vivió en Hawai hasta que terminó el bachillerato.
Graduado de la Universidad de Columbia en ciencias políticas y relaciones Internacionales, y luego en derecho, de Harvard, Obama mostró desde muy joven que estaba para grandes cosas.
Fue el primer afroamericano en ocupar la presidencia de la muy selecta revista Harvard Law Review. A la edad de 34 años ya había sido elegido senador en el Congreso de Chicago y escrito un libro, Sueños de mi padre, en el que dejó asomar la afilada y ambiciosa prosa que lo ha destacado en los últimos años.
Discurso inspirado
Pero su verdadero salto al estrellato, meteórico desde todo punto de vista, llegó en el 2004. Primero en julio, durante la Convención del Partido Demócrata, en Massachussets, en la que se ungió a John Kerry como candidato para las presidenciales de ese año. Obama, un desconocido en ese momento, pronunció un inspirado discurso del que todavía se habla. A los pocos meses le dio una tunda a su rival republicano en las elecciones para representar al estado de Illinois en el Senado estadounidense.
A los 42 años se convirtió en el tercer afroamericano en alcanzar el selecto órgano legislativo y en uno de sus más jóvenes miembros. Por eso cuando anunció su intención de lanzarse como candidato a la nominación del partido para las presidenciales, en febrero de 2007, seguía siendo un perfecto desconocido en el ámbito nacional. No solo era un hombre de color, sino con un extraño nombre de origen árabe que varias veces fue confundido con el del líder de Al Qaeda Osama Bin Laden.
Y enfrente tenía nada más y nada menos que a la ex primera dama Hillary Clinton, candidata natural del partido, con toda la maquinaria electoral de su esposo y ex presidente Bill, y favorita de lejos en las encuestas.
Obama, rápidamente, trató de diferenciarse y se presentó como el candidato del cambio, aquel que pretendía romper con la clase política de Washington. Sus discursos, llenos de esperanza y promesas de un mejor mañana, comenzaron a calar entre los jóvenes, que armados con tecnología e Internet, se encargaron de propagar el mensaje.
Pero sobre todo, comenzó a cosechar frutos en el desprestigio de la administración de George W. Bush, al que criticó desde el comienzo por la impopular guerra en Irak, mientras prometía un rápido repliegue de las tropas estadounidenses si llegaba a la Presidencia.
En cierta medida, su oposición radical a la guerra fue el punto que más lo benefició en su batalla contra Hillary. Ella, junto a la mayoría de legisladores del Partido Demócrata, había votado a favor de la intervención militar en 2002. Obama, que solo llegó al Senado en 2004, nunca tuvo que enfrentar esa difícil decisión. Mientras Hillary se tambaleaba cada vez que tenía que explicar su voto, Obama se estableció como un candidato sin mancha.
El campanazo de alerta a los Clinton llegó con el triunfo de Obama en el crucial "caucus" de Iowa, en enero de este año. De allí en adelante, siempre tuvo la delantera, en una histórica y apretada carrera que solo se resolvió cuando votó el último de los 50 estados.
Pese a todo, lo que viene para Obama es una gran montaña llena de obstáculos. El partido sale de esta ronda de primarias profundamente fracturado con los seguidores de Hillary incluso dispuestos a votar por John McCain, antes que por él.
Además, si algo se puede decir de su triunfo es que fue todo menos contundente, lo que indica que no tiene un gran mandato. Clinton lo superó en todos los grandes estados del país y en grupos demográficos como los latinos, la clase obrera y las mujeres, que serán claves para las elecciones generales. Algo que podría resolver si le ofrece la vicepresidencia a Hillary.