África, un continente ignorado

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En cuanto al paludismo, según el Banco Mundial, el PIB de la zona pierde 12.000 millones de dólares al año por causas imputables a la enfermedad: cuatro veces más de la suma necesaria para combatir esta plaga a nivel mundial.

La corrupción devora mucha de la ayuda internacional, como ha denunciado Transparencia Internacional: millones de dólares nunca llegan a África, acaban en cuentas en Suiza. Y la venta de armas mueve más dinero que el total de la ayuda contra la pobreza.

A principios de los años 90, trabajé con el ex presidente de Tanzania, Julius Nyerere, y con el escritor nigeriano Wole Soyinka en el informe Cooperar para la supervivencia. La tesis de Nyerere, entonces presidente de la Comisión Norte/Sur, y del primer Premio Nobel de Literatura negro, era que el mundo desarrollado debía aportar con urgencia  ayuda  significativa a los países más pobres, no por motivos caritativos sino por su propia seguridad y desarrollo futuros.

Pero la ceguera del mundo desarrollado ha aumentado. Las reiteradas promesas del Grupo de los 8, que en 2005 se comprometió a aumentar la ayuda en 25.000 millones de dólares anuales hasta 2010 con miras a cumplir una de las metas del milenio -"satisfacer las necesidades esenciales de África"- no solo no va a cumplirse, sino que va a retroceder por el aumento de precios de los alimentos convertibles en energía y los cambios de los tipos de cosecha. El número de personas con hambre va a crecer, y la ONU reducirá la ayuda alimentaria si los países donantes no aportan dinero urgentemente. A esta crisis se suma el cambio climático, y la paradoja es que los que menos han contribuido al calentamiento global son los que más van a sufrir sus consecuencias.

Hoy, millares de africanos llaman cada día a las puertas de Europa a bordo de frágiles embarcaciones, y se multiplican las revueltas contra el hambre. Como dice el proverbio inglés: "A hungry man is an angry man" ("Un hombre hambriento es un hombre encolerizado"). Pero África no aparece en el panorama mediático de los graves problemas internacionales.

POR ANTONIO ALBIÑANA,
periodista y analista internacional.

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