La hora de América Latina

Si algo anunció la Cumbre de las Américas de Monterrey, en 2004, fue el comienzo de un clima antiestadounidense en América Latina. Foto: AFP

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LOS CAMBIOS DE GOBIERNO en Estados Unidos, son momentos propicios para reexaminar la política exterior. En especial después de una administración como la de George W. Bush, muy criticada en el frente diplomático, en especial en sus relaciones con América Latina, que hace rato dejaron de ser una prioridad.

Tras ocho años de administración Bush, un grupo de expertos convocados por el Consejo para las Relaciones Exteriores (CFR), cree que es urgente prestar atención al continente. Dice que no hay región del mundo más importante para la política exterior estadounidense por la vecindad, los lazos económicos y sociales, y los retos compartidos en materia de seguridad.

El grupo de analistas considera que lo primero por cambiar es la concepción sobre el continente: Washington sigue pensando en la región como hace 20 años y desconoce la profunda transformación que se ha producido en ella. Propone, en consecuencia, hacer "borrón y cuenta nueva" y dejar de mirar a América Latina desde la óptica de una hegemonía que ya no existe.    

Para afianzar sus argumentos, el informe se basa en una serie de estadísticas, algunas de ellas sorprendentes. América Latina suministra el 30 por ciento de todas las importaciones de petróleo de Estados Unidos, lo que la convierte en su principal fuente de crudo, incluso por encima de Medio Oriente, que aporta un 20 por ciento.   

En materia comercial, entre 1996 y 2006 el intercambio entre Estados Unidos y la región creció un 139 por ciento. Ese mismo índice fue de 96 por ciento con Asia y de 95 por ciento con la Unión Europea. En 2006 Estados Unidos exportó 223.000 millones de dólares a América Latina, cuatro veces más que a China. La migración viene creciendo a ritmo exponencial. Hoy, por ejemplo, el 15 por ciento del país es de origen latino y el 50 por ciento del crecimiento demográfico de todo el país en los últimos años se debió a los latinos, una comunidad que está redefiniendo el mapa político como potencial electoral.

Según el informe del CFR, a pesar de que el bienestar de América Latina afecta directamente a Estados Unidos, es absurdo que "persista el desinterés". Mientras tanto, América Latina ha diversificado sus lazos económicos y políticos con otras regiones del mundo. Los países más grandes como México, Brasil y Chile ya no definen sus intereses basados en la relación con Washington y están buscando otras contrapartes como Asia (China e India, en especial) y Europa. Estados Unidos es ahora solo un actor más que, para rematar, es visto con desconfianza: en 2007 solo un 29 por ciento de los latinoamericanos dijo comulgar con los valores democráticos de Washington, frente al 45 por ciento que lo hacía en el 2002. Como causa de este declive, el informe del Council menciona el apoyo al golpe contra Hugo Chávez en 2002 y las abiertas intervenciones en los procesos electorales de Bolivia y Nicaragua. A eso habría que sumarle la incapacidad de los gobiernos liberales en la región asociados al 'Tío Sam', de cumplir con sus promesas de acabar con la pobreza y la corrupción.

Pese a las reformas y la apertura económica defendida por Washington, casi 200 millones de latinoamericanos -el 37 por ciento- vive en la pobreza y padece enormes desigualdades en la distribución del ingreso.

En materia de seguridad y lucha contra el crimen, las iniciativas de la Casa Blanca tampoco han dado resultados satisfactorios. La tasa de homicidios se ha duplicado desde los años ochenta y los índices de violencia son hoy seis veces más altos en América Latina que en cualquier otra región del mundo. Esta mezcla de elementos ha permitido el ascenso de líderes como el presidente de Venezuela Hugo Chávez, que han crecido, precisamente, explotando la situación y promulgando una agenda antiestadounidense.

El corazón del problema, concluye el Consejo de Relaciones Exteriores, es que Estados Unidos lleva años basando su política en tres pilares inamovibles: fortalecimiento de la democracia, libre comercio y seguridad. Pilares que, aunque importantes, no reflejan las realidades latinoamericanas. Más que garantías a la participación democrática, los ciudadanos esperan prosperidad y justicia social. O el libre comercio, pero siempre y cuando sus beneficios lleguen a la mayoría.

El informe -que servirá de fondo al debate del tema durante la campaña presidencial en el otoño- también critica el enfoque de Washington en la lucha contra las drogas. Los miles de millones de dólares invertidos no han producido resultados porque la lucha se basa en un concepto equivocado: atacar la mata de coca y al traficante, olvidando los factores que lo generan, como la pobreza.

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