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NADIE PUEDE TENER DUDA. Están pasando cosas importantes en Cuba: discusiones, reformas, cambios... Y no son transformaciones improvisadas. Como todo lo que rodea a Fidel Castro, detrás de cada paso que da hay una estrategia. Nada ha ocurrido o dejado de ocurrir al azar en 49 años de Revolución.
Y Raúl, su hermano menor, hoy jefe de Estado y de Gobierno, que lo acompaña en sus sueños revolucionarios desde la adolescencia, es igual. Su prestigio de buen administrador, de hombre metódico e institucional, se lo ganó durante el Período Especial al convertir el enorme Ejército cubano en una empresa autosostenible que produce su comida, hace sus uniformes y resuelve -expresión muy cubana- todo lo que necesita para funcionar.
Hace cuatro años, a instancias de Fidel y presidida por Raúl, se creó una Comisión Política Económica con participación de los principales ministros, el vicepresidente Carlos Lage, los miembros del Buró Político del Partido Comunista y dirigentes de base de los sectores económicos, cuyo objetivo era analizar el futuro de la Revolución. Buena parte de lo que hoy está ocurriendo en términos de transformaciones económicas -dicen- salió de esa comisión.
Y es fácil creer que es así. Lo mismo sucedió con el relevo del poder en Cuba, que empezó hace 15 años. Hoy, con excepción de Raúl y un puñado de dirigentes históricos, todos los cargos importantes están ocupados por dirigentes jóvenes.
Esa fue la respuesta política de Fidel al desafío que significó la desintegración de la Unión Soviética en 1989 y el desplome del campo socialista: sangre nueva, dinámicos dirigentes que tomaron las riendas de la economía, las relaciones internacionales, el comercio exterior, el poder local. Dos generaciones de funcionarios y dirigentes comunistas pasaron al retiro.
Pese a que todas las apuestas estaban en contra, sobrevivió la Revolución. Pero los tiempos son otros. La Cuba de Fidel fue la de la Guerra Fría, las tensiones con Estados Unidos y América Latina tras su expulsión de la OEA. Y no fue poca cosa. El mundo estuvo al borde de una guerra nuclear con el incidente de los misiles soviéticos en la isla; el gobierno de Estados Unidos autorizó una invasión militar a este país por Bahía Cochinos; Cuba apoyó a grupos guerrilleros en Centro y Suramérica.
La Cuba de Raúl es otra. La política exterior ya no se basa en internacionalizar su revolución, sino en tener buenas relaciones con todas las naciones, no importa si sus gobiernos son de izquierda o derecha; todo su comercio exterior se realiza con el mundo capitalista bajo las leyes de mercado; el país ya no vive del azúcar, sino del turismo y el níquel; hay inversión extranjera en todos los sectores: ron, tabaco, cítricos, minería, cemento, petróleo, construcción; la propiedad privada es permitida, asociada con empresas cubanas.
La Cuba de Raúl se desenvuelve en el mundo globalizado, donde el comercio y los negocios no tienen fronteras y la información fluye libre a través de Internet.
El bloqueo
Pero el pasado sigue presente. La Guerra Fría aún no termina en el hemisferio occidental porque se mantiene el bloqueo económico de Estados Unidos sobre Cuba. Se erige como un dinosaurio anacrónico, rechazado por todas las naciones del planeta.
"La Guerra Fría terminó, Rusia ya no es nuestro enemigo", dijo el mes pasado George W. Bush a su colega Vladimir Putin en el marco de la reunión de la OTAN en Bruselas. La realidad que sustenta esta frase también se cumple para Cuba, que ya no es una amenaza para la seguridad nacional de ninguna nación del mundo, pero Estados Unidos sigue considerando a este país como su enemigo y tratándolo en consecuencia.
La realidad del bloqueo es fundamental para entender la Cuba de Raúl. Mientras se mantenga, todas las reformas y el proceso de cambio serán limitados. Siempre existirá el enemigo externo -la primera potencia económica y militar del planeta- del cual defenderse apelando a la unidad nacional (partido único) y a la autoridad (control social).
No es por el bloqueo que Cuba es socialista y tenga un régimen de partido único. No. Incluso en el discurso de los dirigentes cubanos, el tema del partido único tiene origen en el ideario de José Martí, héroe nacional. "Para luchar contra el Imperio, unidad: un solo partido revolucionario cubano", es la frase de Martí que todos repiten.