Sigue el suspenso en Estados Unidos

Obama ganó en Carolina del Norte, con una mayoría amplia que le dio un nuevo aire a su campaña. Foto: AFP

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OTRA VEZ SE REPITIÓ la historia. Las elecciones primarias del martes pasado en Carolina del Norte y en Indiana se anunciaron como definitivas. Se llegó a decir que, al final de la noche, Hillary Clinton o Barack Obama -el que resultara derrotado- se retiraría definitivamente de la competencia. Y nada de eso ocurrió: por el contrario, se prolongó la situación de empate, la percepción de que el pulso llegará hasta la Convención Nacional en agosto, y de que ninguno de los dos está perdido.

Las encuestas indicaban que Clinton ganaría en Indiana y que Obama triunfaría en Carolina del Norte. En todas las últimas elecciones primarias se ha ido consolidando la polarización del electorado demócrata. Es decir, que la población negra está con Obama -se llevó el 91 por ciento de los votos afroamericanos el martes pasado- y que las mujeres definitivamente se alinearon con Hillary. Desde hace algunas semanas, cada uno de los dos aguerridos competidores gana 'lo suyo'. De hecho, la historia de esta semana habría sido diferente si, por ejemplo, Barack hubiera ganado en Indiana o Hillary en Carolina del Norte.

La difícil tarea de vencer a las encuestas habría cambiado la historia. Clinton habría mantenido el impulso que ganó, después de haber estado prácticamente derrotada, con su victoria en Pennsylvania y con el alboroto que en las últimas semanas había generado el pastor Jeremiah Wright, mentor de su rival, del cual Obama había salido mal librado. Y Obama, por su parte, habría definido todo a su favor con una inesperada victoria en Indiana: habría logrado voltear la página del pastor Wright y volver a sacar a flote la percepción de que su carisma y novedad constituyen un fenómeno imparable. Y estuvo a punto de lograrlo: la ventaja de Clinton se acortó, incluso después de haber pronunciado un eufórico discurso de victoria, en la medida en que se terminaba el conteo de todas las regiones del estado.

Otro martes en tablas. En la práctica, eso significa que el panorama general de la campaña en el Partido Demócrata sigue intacto. Ninguno tiene nada asegurado, ni perdido. Sin embargo, el resultado del martes fue muy importante para Obama, porque ganó 'su' estado en forma cómoda y casi le empata a Hillary en el 'de ella'.

Obama sigue encabezando la competencia desde el punto de vista del número de delegados acumulados en las elecciones primarias que se han llevado hasta el momento y también lidera el número de votos alcanzados. Lo cual, sin embargo, cambiaría si se suman los estados de Florida y Michigan, en los que triunfó Hillary, que no se están incluyendo porque fueron sancionados por el partido por adelantar la fecha de sus primarias.

Obama venía en un mal momento. No ha logrado capturar el voto de los católicos blancos, le va mal con la clase obrera y con las mujeres mayores de 50 años que ven en Hillary una cita con el destino. Eso se ha traducido en derrotas consecutivas en estados que son considerados claves en las elecciones de noviembre: Ohio, Texas y, más recientemente, Pennsylvania. Estos fracasos han generado dudas en el partido y entre el electorado sobre su capacidad para imponerse al republicano John McCain.

Así lo demuestran las encuestas nacionales. En todas las realizadas durante los últimos 15 días, los mismos demócratas opinan que Obama perdería frente a McCain. Hillary, por el contrario, sale bien librada. "Muchos demócratas -le dijo a CAMBIO el ex alcalde de Nueva York Ed Koch-, han comenzado a pensar con la cabeza y no con el corazón. Y la cabeza les dice que Obama, con todo y sus bondades, podría no ser la carta que necesitan para recuperar la Casa Blanca".

Además, la imagen negativa de Obama, casi imperceptible meses atrás, había comenzado a subir como la espuma. El senador no se ayudó cuando catalogó a los votantes de la clase media baja como unos "amargados". Pero lo que más le ha hecho daño han sido las palabras de su mentor espiritual, Jeremiah Wright. El pastor que encabeza la Iglesia a la que perteneció Obama por más de 20 años, dijo que los estadounidenses se merecían los ataques terroristas de Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001, por que "cuando uno practica el terrorismo, el terrorismo eventualmente se devuelve". También afirmó que el Sida es una conspiración del Gobierno contra los negros, a los que se sigue discriminando en el país. Obama, pese a su resistencia inicial, tuvo que tomar distancia del pastor condenando sus posiciones. Pero el daño ya estaba hecho. De acuerdo con los sondeos, 4 de cada 10 demócratas no votaría por Obama por la asociación con Wright, aunque las encuestas publicadas en varios medios durante el fin de semana arrojan conclusiones contradictorias.

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