Medvedev, el nuevo presidente de Rusia, nombró a su antecesor como Primer Ministro. Fórmula rara y de alto riesgo.
AL NUEVO PRESIDENTE de Rusia, Dmitry Medvedev, le encaja la famosa frase de que "todo cambia para que todo siga igual". Ganó las elecciones del pasado dos de marzo, con un 70,3% del apoyo popular. Con 42 años, es uno de los lideres mas jóvenes del país y el primero en haber llegado al cargo sin el apoyo del partido comunista o de la KGB.
Sin embargo, fue Vladimir Putin, y no Medvedev, quien arrolló en las elecciones. Y será Putin, y no Medvedev, quien tendrá en sus manos el poder. Las declaraciones del nuevo mandatario han confirmado que su prioridad será continuar las políticas de su mentor. Medvedev nombró a Putin como Primer Ministro y ahora, por al menos cuatro años, compartirán las decisiones más poderosas de ese país. El ex presidente y Primer Ministro estará tras bambalinas manejando el poder y para el 2012, con más apoyo popular, volverá a la Presidencia. La constitución rusa no permite una tercera elección consecutiva.
Es posible, como le sucedió al propio Putin, que Medvedev busque más independencia para fortalecerse en su cargo ante los rusos y el mundo. Algunos han hablado de los potenciales choques entre los dos personajes. Sin embargo, Putin ya ha escrito sobre la posibilidad de "balancear" el poder de la Presidencia -el cargo más poderoso y respetado- y pasar nuevas responsabilidades al Primer Ministro. Hoy, el primero maneja los temas de política social e internacional. El segundo es más técnico, pero tiene a su cargo la economía.
En cuanto a política internacional, las cosas son complicadas. Con Putin, el país echó para atrás en su proceso democrático y se convirtió en un Estado poco confiable y agresivo. Puede que Medvedev vea en este tema un reto, y que con su perfil de liberal y joven pueda cambiarlo. Al mismo tiempo, Medvedev no podrá olvidar que la popularidad de Putin -que le valió su elección- está basada en la restauración del nombre de Rusia como una potencia. Por lo tanto, nadie espera que modifique posiciones en temas claves como la ampliación de la OTAN hacia sus fronteras, el separatismo chechenio, la independencia de Kosovo, o la oposición radical a los planes de E.U. de construir un escudo anti misiles en Polonia o República Checa.
En el tema económico hay otras metas. En un documento escrito por Putin y mencionado a la BBC por Margot Light de The London School of Economics, el ex presidente quiere que haya innovaciones y diversificación de la economía para terminar con la dependencia energética de Rusia. Putin será quien maneje el tema.
De cualquier manera y para que la dupla funcione, según la prensa rusa, la tarea principal de Medvedev será prevenir que la burocracia vea a Putin como un líder que está de salida y, la de Putin, impedir que Medvedev se vea como un títere suyo.
Por inédito y complicado, el panorama no es fácil. Aun se critica el proceso electoral por el cual Medvedev llegó al poder y se habla de la falta de democracia, libertad y justicia. Sin embargo las apuestas ya se conocen y se cree que pocas serán las sorpresas. Habrá que ver.