Marzo 5 de 2008

Todo indica que Rodríguez Zapatero ganará las elecciones

Sin embargo, no será mayoría absoluta.

SALVO SORPRESAS de última hora, parece cantada la victoria del socialista José Luis Rodríguez Zapatero sobre el líder del Partido Popular Mariano Rajoy en las elecciones generales del 9 de marzo. Zapatero iniciaría así su segundo mandato, desde que en 2004 el electorado se movilizó a su favor tras el atentado terrorista más importante de la historia del país. Sin embargo, no es previsible que logre una mayoría absoluta, lo que le obligará a pactos con pequeños partidos regionales que podrían dificultar la gobernabilidad.

 "Polarización" es la palabra más empleada en una campaña que fue precedida por momentos de tensión graves en la calle y en instituciones como el poder judicial. A pesar del eslogan suave, casi de bolero, "Con cabeza y corazón", que preside los carteles de Mariano Rajoy, los contenidos y el tono de sus actuaciones han sido broncos y hasta insultadores, tal vez porque ha sido arrastrado por el ala más extremista del Partido. En el primer debate televisado, cara a cara, Rajoy le dijo 10 veces "mentiroso" a Zapatero mientras éste trataba de mantener una calma, en algún momento azorada.

Los asuntos clave para la polémica campaña electoral han sido el terrorismo y la inmigración. Zapatero llevó a cabo conversaciones con el grupo separatista vasco ETA, como lo habían hecho todos sus antecesores en la democracia, tras una etapa de alto el fuego prolongada. A finales del pasado año, el Presidente español anunciaba en mensaje televisado que "la paz estaba ya muy cerca". Unas horas después, ETA rompió la tregua y voló la Terminal 2 del Aeropuerto de Barajas. Dos muertos y 19 heridos dejó el atentado. Un hecho que también dejó a Zapatero seriamente tocado en materia de lucha antiterrorista, aunque el grupo armado vasco esté muy diezmado y enfrente una fase final de sus actuaciones.

El fracaso de Zapatero en la negociación con ETA ha sido esgrimido una y otra vez por los líderes de la derecha, que acusan al Presidente socialista de "traicionar" a las víctimas del terrorismo. Pero lo cierto es que en 2007 las posibilidades del final del terrorismo estaban muy cerca, cuando ETA experimentó una especie de golpe de Estado interno en el que tomaron el mando los elementos más extremistas, con lo que desautorizaron a los viejos líderes que negociaban reservadamente con el Gobierno socialista en Suiza y Francia.

El segundo tema de fricción acalorada ha sido el de la inmigración. España ha experimentado en los últimos años una llegada masiva de inmigrantes latinoamericanos y norteafricanos, y aunque la mayoría están regularizados quedan bolsas de "sin papeles" que sufren los efectos de la marginación, cuyo fantasma agita a la derecha que asocia inmigración con inseguridad. Se oculta que, según todas las encuestas, la mayor parte de las clases medias que emplean a inmigrantes en el servicio doméstico, el cuidado de ancianos o el pequeño comercio, está satisfecha. Y se ocultan también los beneficios de la inmigración en la economía española. Por ejemplo, las cotizaciones anuales de los inmigrantes a la Seguridad Social pagan las pensiones de un millón de españoles y el 50% del crecimiento económico en los últimos 10 años se deriva de la inmigración.

Pero el Partido Popular ha explotado muy bien cierto sentimiento difuso de temor al extranjero que existe principalmente entre las clases bajas, votantes naturales de la izquierda,  siguiendo el ejemplo del Presidente francés, Nicolás Sarkozy, a quien manejar la cuestión de inmigración en clave de inseguridad le dio réditos electorales. Rajoy ha trasladado a España la propuesta de un "contrato de integración" que tendrían que suscribir los inmigrantes y que incluye, entre otras cuestiones, un peregrino compromiso de "respetar las costumbres españolas" -¿la siesta, la paella, el flamenco...?-, y que reclama la expulsión inmediata e incondicional de los ilegales y el cierre a nuevas legalizaciones. 

   El miedo al inmigrante se fomenta en un momento de "desaceleración" de la economía, que no le ha venido nada bien a Zapatero a la hora de vender su gestión. En este terreno los dos candidatos se han metido en una especie de guerra de promesas cuantificadas. El candidato socialista anuncia que creará dos millones de empleos, el del PP promete 200.000 más. Los populares anuncian subir 150 euros mensuales las prestaciones mínimas por jubilación y el PSOE ofrece 200, a lo que añadiría una bonificación de 400 euros a cada contribuyente para repartir el superávit fiscal.

En su última semana, la posible abstención se ha convertido en uno de los ejes de la campaña. Para la derecha, que tiene sus votantes muy "fijados", una participación baja perjudicaría al PSOE, cuyo votante es "volátil" en un porcentaje muy significativo, según los expertos en sociología electoral. Los socialistas perderían las elecciones con una participación inferior al 70%, según diversas estimaciones. Aunque parece que las bazas de la campaña ya se han jugado, no hay que olvidar que el 10% de los electores suele decidir su voto a última hora y una parte considerable de éstos el mismo día de la votación.

Respecto a lo que sucedería tras una previsible victoria de Zapatero, ninguno de los dirigentes socialistas consultados anuncia grandes cambios. Como máximo, el cierre de las tensiones con los nacionalismos vasco, catalán y gallego y la consolidación de los avances que han supuesto las leyes sobre igualdad de sexos, de dependencia, la educación para la ciudadanía y el combate a la violencia contra las mujeres. El objetivo principal sería cerrar el paso a una derecha montaraz con adherencias ideológicas que recuerdan épocas pasadas y cuya gestión de gobierno podría significar un retroceso en cuestiones sociales y culturales.

En las filas de la derecha se preparan frondas de agitación ante la inevitable caída de Rajoy, tras una derrota anunciada. El antiguo director del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, dedicado hoy a sus negocios  privados  y quien no ha querido implicarse en una campaña electoral de dudoso éxito, aparece como el candidato con más posibilidades de encabezar al Partido Popular y llevarlo hacia posturas más centristas que le permitan ser opción de gobierno en el 2012.   

POR ANTONIO ALBIÑANA,
periodista y analista internacional.

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