La situación es crítica. Se ha declarado el estado de emergencia en la Isla, mientras llegan soldados y policías enviados por Australia para prevenir el caos.
ENTRE LA VIDA y la muerte se encontraba el presidente de Timor Oriental y ex premio Nobel de Paz José Ramos-Horta. Y entre la vida y la muerte, también, estaba la democracia en esta remota isla en el sudeste asiático. Ramos-Horta sufrió un atentado el lunes que lo dejó en coma, y permanece en un hospital de Australia. El mismo día, el Primer Ministro Xanana Gusmão salió ileso de un intento de asesinato.
La situación es crítica. Se ha declarado el estado de emergencia en la Isla, mientras llegan soldados y policías enviados por Australia para prevenir el caos. Una nueva página en una novela de horror que no termina.
En 2002, y tras 25 años de un brutal yugo impuesto por el entonces dictador de Indonesia Suharto (que acaba de morir), la isla votó por su independencia gracias al apoyo de una fuerza enviada por las Naciones Unidas. En ese largo proceso fue clave el papel que jugó Ramos-Horta, tocando puertas para que el mundo fijara sus ojos en la represión que se vivía en la isla.
Gracias a esa tarea la Academia Sueca le concedió el premio Nóbel de la Paz, que compartió con el obispo Carlos Felipe Ximenes Belo en 1996. Pero la situación en Timor, que es considerada la democracia más joven del mundo, nunca ha terminado de estabilizarse.
En 2006, la mitad del Ejército decidió renunciar en oposición a unas medidas adoptadas por el Gobierno que fueron tildadas de discriminatorias. La crisis provocó un estallido de violencia que culminó con la muerte de 37 personas y el desplazamiento de 150.000.
Los soldados, encabezados por el mayor Alfredo Alves Reinado, se ocultaron en la selva y desde entonces operan como una especie de guerrilla. El primer ministro de entonces, Mari Alkatiri, tuvo que renunciar y se convocaron nuevas elecciones en las que salió elegido Ramos- Horta.
Gusmao, por su parte, llegó al cargo de Primer Ministro tras las elecciones parlamentarias de junio del año pasado donde, pese a no obtener la mayoría, ascendió gracias a una coalición con fuerzas opositoras que fue declarada ilegal. Esas tensiones, explican los expertos, fueron las que provocaron los atentados del lunes. El Gobierno acusa a los rebeldes liderados por Reinado de estar tras los atentados. Y Reinado, de hecho, murió en la misma balacera en la que cayó Ramos -Horta.
Pero los rebeldes niegan cualquier participación y, por el contrario, dicen que su líder fue emboscado cuando se dirigía a la casa de Ramos-Horta para buscarle una salida al conflicto. Nadie descarta tampoco una participación del Ejército de Indonesia, que sigue lamentando haber cedido el control de Timor.
Buena parte de la responsabilidad les cabe a las Naciones Unidas. Ramos-Horta, ganada la independencia en el 2002, le pidió a la ONU permanecer en el país durante cinco años mientras se fortalecían las raíces democráticas. Tras 400 años de dominio portugués y 25 de Suharto, Timor, dijo, necesitaba ese empujón. Pero la ONU abandonó la Isla a los pocos meses. Y el resultado yace en la cama de un hospital australiano.