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LA MEJOR DESCRIPCIÓN de los resultados electorales de este martes en Estados Unidos la hizo el estratega político Bill Carric, parafraseando a Winston Churchill: "los demócratas están al final del comienzo mientras para los republicanos es el comienzo del fin".
Si bien ninguno de los candidatos emergió de las elecciones primarias, que se llevaron a cabo en más de 22 estados, con la candidatura presidencial asegurada, el senador republicano John McCain dio pasos de animal grande en esa dirección. La competencia demócrata, por el contrario, siguió en el limbo y las predicciones apuntan a que el ganador no se conocerá antes de que vote el último de los otros 22 estados que aún faltan por pasar a las urnas.
El caso republicano
McCain, sin embargo, no tuvo la noche que esperaban sus asesores. No contaba con la inesperada resurrección del pastor evangélico Mike Huckabee, que alcanzó victorias en Georgia, Alabama, Arkansas, Tennessee y Virginia del Oeste, en su mayoría estados sureños que se caracterizan por su voto conservador. Pese a ello, el senador ganó los "premios gordos" de la jornada -California, Nueva Jersey, y Nueva York-, los de población más extensa y donde estaban en juego la mayor cantidad de delegados que asistirán a la Convención Nacional para formalizar la selección del candidato oficial del partido. Computadas sus victorias del martes, McCain suma ya 615 delegados de 1.191 que necesita para alcanzar la mayoría y consolidar la candidatura.
Su inmediato rival, el ex gobernador de Massachussets Mitt Romney, alcanzó 268 delegados, seguido por Huckabee, con 169. Todavía quedan por distribuir unos 1.300 delegados, lo cual hace matemáticamente posible una victoria tanto de Romney como de Huckabee. Pero tendrían que arrasar en lo que queda del proceso, y eso no se ve muy viable. Huckabee y Romney se disputan la misma franja del voto republicano -el voto cristiano evangélico- mientras que la fortaleza de McCain está en el resto del partido y en los votos de los independientes.
De acuerdo con los analistas, la única alternativa para tratar de frenar a McCain es que alguno de sus dos rivales se retire, con la cual se aglutinaría el voto conservador en su contra. Pero ninguno de los dos, a estas alturas, ha dado señales en ese sentido.
A pesar de su sólido liderato, el camino para McCain no está del todo despejado. Las primarias y caucuses que siguen -este sábado y el martes- en Maryland, Virginia, el Distrito de Columbia, Louisiana y Wisconsin son "cerradas". En otras palabras, sólo pueden votar personas registradas en el partido y eso excluye a los independientes, que son la gran fuerza en la candidatura de McCain. Así que el senador tendrá que esperar al menos hasta el 4 de marzo, cuando voten otros estados grandes como Texas y Ohio.
Además, como demostraron los resultados del martes, McCain sigue sin convencer a la base republicana, lo cual es un problema para sus aspiraciones inmediatas -lo más natural es que un candidato republicano despierte profundas simpatías entre los electores conservadores- y para las elecciones presidenciales, si es que se consolida como abanderado de su colectividad. El odio que le profesa la extrema derecha es tan grande que populares comentaristas como Anne Coulter han dicho que, de ser McCain el elegido, preferían votar por Hillary. Por eso nadie descarta, pese a lo difícil que parece, una insurrección republicana para tratar de frenar su candidatura de aquí a la Convención Nacional del partido, prevista para septiembre.
"McCain -dice el analista- debe volverse inevitable con rapidez. Eso le daría tiempo para hacer las paces con la base del partido y llegar con posibilidades reales a las presidenciales. Si no lo logra, puede que gane la nominación, pero quedaría muy debilitado para el tramo final hacia la Casa Blanca".
El caso demócrata
El panorama en el partido demócrata es mucho más complicado. Hillary Clinton se llevó los "estados grandes" -California, Nueva York, Nueva Jersey- y en general dominó las zonas costeras del país. Pero Barack Obama triunfó en más estados (13 de 22, en el 'supermartes') y tuvo sólidas votaciones en el centro y en el sur. Dadas las reglas del partido, que mandan una distribución proporcional al voto obtenido en cada estado, los dos sumaron una gran cantidad de delegados, y aún están a millas de distancia de obtener el número que les garantizaría la mayoría: 2.025. Hillary cuenta actualmente con un total de 838 delegados producto de sus victorias en 12 estados mientras que Obama tiene en su fila a 744 delegados tras 16 victorias. Pero la diferencia entre los dos se da en gran parte por los llamados "superdelegados", cargo que se confiere automáticamente a los líderes del partido y que no está atado al resultado electoral. Si se elimina del conteo esta categoría -dado que pueden cambiar su voto en el camino-, la competencia estaría así: 645 de Hillary contra 638 de Obama. Una riña cerrada que está lejos de resolverse. Los analistas creen, incluso, que la elección se definirá solo en la Convención Nacional del partido, que será en agosto.
Por el momento, el calendario próximo, con primarias en Virginia, Maryland y Louisiana, favorece a Obama. Pero en marzo los Clinton esperan repuntar en Ohio y Texas. Y así, hasta el último día.
Varias lecciones, no obstante, emergieron del 'súpermartes'. Los latinos, por ejemplo, se han volcado decididamente a favor de Hillary. Incluso en Illinois, estado natal de su rival y donde obtuvo una esperada derrota contundente, logró el apoyo del 50% de los hispanos. Lo mismo ha sucedido con las mujeres de raza blanca. Estos dos grupos componen su fuerte. Obama, sólido entre los negros y hombres, necesita seducir a parte de ese electorado si quiere destronarla.