La polémica resucita sobre el posible hallazgo de la tumba de Jesús

Simcha Jacobovici, director del documental La tumba perdida de Jesús.

EL 4 DE MARZO del año pasado vio la luz, aunque brevemente, un polémico documental producido por el director de cine James Cameron (Titanic) que puso en jaque uno de los pilares de la Iglesia Católica: la resurrección de Jesús.

Cameron y un equipo de investigadores plantearon la posibilidad de que una tumba descubierta en Jerusalén en 1980 podía contener los restos de Jesús y los de su familia. El programa fue tan explosivo que el canal Discovery, financista del proyecto, lo emitió una sola vez ante la oleada de protestas que se desató a lo largo y ancho del planeta.

El trabajo de Cameron, con todo y su polémica, parecía enterrado hasta que cayó en manos del profesor y ministro metodista James Charlesworth, del Seminario Teológico de Princeton. Charlesworth, experto en el Nuevo Testamento aunque escéptico por principio, llegó a la conclusión de que el documental ameritaba una exploración más profunda. Así que entre 13 y el 16 de enero pasados, reunió en Jerusalén un panel de 50 arqueólogos, expertos en ADN, estadística, cerámica y lenguas antiguas para tratar de despejar las dudas.

La primera de ellas surgió hace más de 20 años cuando la tumba fue descubierta. En ese entonces, Joseph Gat, un arqueólogo de origen judío, y dos de sus colegas, fueron llamados para que analizaran las osamentas con las que por accidente se toparon un grupo de obreros que excavaban para construir apartamentos en Talpiot hills, un moderno suburbio de Jerusalén. Las osamentas estaban enterradas en sarcófagos acompañados por nombres: "José, María, Jesús -hijo de José-, Mariamne  (según el documental, posiblemente María Magdalena) y Judá -hijo de Jesús-".  Una vez analizadas, las osamentas y demás evidencias fueron llevadas a un anticuario donde permanecieron durante varios años. Algunas desaparecerían tiempo después, junto con los planos que mostraban la ubicación de los sarcófagos.

Antes, sin embargo, un equipo de investigación liderado por Simcha Jacobovici (que luego trabajó con Cameron) había concluido que los huesos sí pertenecían a la época en que vivió Jesús. Eso, sumado a los sarcófagos identificados con todos los nombres del clan, despertó muchas inquietudes.

Según el relato que dio la viuda de Gat durante la conferencia en Jerusalén, su esposo "creía que ésta era la tumba de Jesús, pero dadas sus experiencias como sobreviviente del Holocausto y temiendo una ola antisemita, pensó que era mejor no revelarlo".

Pese a ello, en la conferencia no hubo humo blanco. Muchos de los expertos resaltaron evidencias que dejarían por el piso la tesis de Gat y Cameron. Entre ellas, que el nombre de Jesús, a diferencia del de los demás, estaba garabateado a manera de graffiti, que la tumba había sido saqueada varios siglos antes, y que no había ornamentos que indicaran que allí estaba enterrado el hijo de Dios.

Pero otras cosas sí quedaron claras. De acuerdo con  Charlesworth, "es difícil negar que la tumba guarda los restos de una familia judía de la época en la que Jesús vivió, que además puede estar relacionada al clan de Jesús". Según Jacobovici, la conferencia sirvió para cambiar de adjetivos: "Se pasó de decir 'es imposible que sea la tumba de la familia de Jesús' a 'es posible que sea'".

La controversia, en todo caso, está lejos de terminar. Por lo pronto ya hay quienes sostienen que es necesario que la tumba, sellada desde entonces y bajo los cimientos del suburbio en Jerusalén, sea de nuevo abierta para examinarla con más cuidado.  

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