Perú y Chile disputan 35.000 kilómetros de mar en la más reciente rencilla limítrofe de la región

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LA ÚLTIMA VEZ que dos países latinoamericanos se fueron a las armas por conflictos limítrofes fue en 1995, cuando en la Guerra del Alto Cenepa, Ecuador y Perú revivieron hostilidades históricas sobre zonas fronterizas demarcadas por el protocolo de Rio de 1942.

El conflicto fue tan caro en vidas y en plata, pero sobre todo tan inane, que propios y extraños terminaron por reconocer que la guerra era el peor mecanismo para dirimir disputas territoriales.

Pero 12 años después el fantasma de la trifulca se ha vuelto a acomodar en la región por cuenta de viejas querellas territoriales que aún subsisten en Latinoamérica. La tensión ha ido creciendo en parte por la llegada al poder de gobiernos populistas que han hecho de los problemas limítrofes un tema de campaña, y en parte, también, porque hay odios y resentimientos antiguos que todavía no han acabado de sanar.

El último "round" lo protagonizan Chile y Perú por un área de 35.000 kilómetros cuadrados en el océano Pacífico muy rica en anchovetas, un pez que se utiliza para hacer un tipo de harina de cuya producción Perú es líder mundial.

El gobierno del presidente Alan García acaba de elevar ante la Corte Internacional de la Haya una demanda contra su vecino en la que reclama el territorio como suyo. De hecho, el Congreso peruano aprobó el año pasado una ley que así lo establece y trazó mapas en los que se demarca de manera unilateral la frontera.

El argumento peruano se basa en el acuerdo marítimo firmado en Naciones Unidas en 1982 y según el cual los países podrían reclamar soberanía sobre 320 kilómetros de  plataforma continental medido desde un punto de su territorio. Lima, por lo tanto, decidió medir su frontera marítima con Chile en una línea diagonal que parte de la frontera terrestre. Santiago, por su parte, traza la línea desde el mismo punto pero en paralelo.

En principio, la zona pertenece a Chile, pues ambos países firmaron acuerdos en 1952 y 1954 en los que Perú le daba control sobre el área. Pero Lima sostiene que tales acuerdos sólo regulaban la actividad pesquera y no se referían a los límites marítimos. Y eso es lo que tendrá que resolver La Haya.

A la larga, la disputa es mucho más profunda. Lleva casi siglo y medio en ebullición desde que ambos países, junto a Bolivia, se enfrentaron en violento conflicto. La guerra la ganó Chile y tanto Perú como Bolivia perdieron grandes porciones de sus territorios marítimos y terrestres. En el caso de Perú, el reclamo es una cuestión de orgullo. Para Bolivia aún más, si se tiene en cuenta que perdió su única salida al mar.

Lo que complica el actual conflicto peruano-chileno es que el gobierno de Michelle Bachelet le ofreció a Bolivia zanjar la disputa otorgándole derechos de explotación, más no de soberanía, sobre un corredor que le permitiría llegar al océano Pacífico. Para Perú esto equivaldría a un reconocimiento de los límites manejados por los chilenos.

Para agravar las cosas, Lima no le perdona a Santiago el haberle vendido armas a Ecuador durante el conflicto del 95. Algo que Chile rechaza pues afirma que a pesar de que la entrega se dio posteriormente, la venta se concretó en el 94, antes de que estallara la guerra.

Jorge Domínguez, profesor en la Universidad de Harvard, vaticina que el conflicto se resolverá por la vía de las cortes porque Latinoamérica no se caracteriza por resolver disputas a través de la agresión. Salvo excepciones como la de Perú y Ecuador de 1995; el conflicto entre Salvador y Honduras de 1969, llamada La guerra del fútbol; y el de Colombia y Perú en 1932 por el dominio de Leticia.

Aún así, sostiene el profesor de la Universidad Nacional Antonio Rengifo, la manera como las cortes resuelvan éste y otros conflictos territoriales pendientes será clave para establecer un precedente para todo el Siglo XXl.

Las soluciones no son fáciles, pues las leyes territoriales han ido evolucionando y son muy complejas. Hoy la tendencia es favorecer el concepto de lo "justo"  y de la "lógica" a la hora de zanjar disputas. Pero ese principio rivaliza con el que invocan países como Colombia y Chile, que se basa en acatar los tratados.

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