América Latina: un año de proliferación de asambleas constituyentes y gobiernos populistas

Evo Morales, Rafael Correa y Hugo Chávez: el eje izquierdista Bolivia, Ecuador y Venezuela. Foto: Efe

EN VENEZUELA,  tras sucesivas reelecciones ganadas con holgura, Hugo Chávez fue derrotado, por primera vez, el 2 de diciembre, en una consulta popular para refrendar un proyecto que le permitía seguir presentándose a la Presidencia y avanza hacia el llamado  "socialismo del siglo XXI".

La derrota de Chávez, al que quedan aún cuatro años de mandato, fue recibida con cierta conmoción en Cuba, donde el periodista y economista Óscar Espinosa aseveró: "El tiempo se acabó para los inmovilistas cubanos". En la isla se vislumbra el riesgo de la caída de un protector externo y decisivo, como sucedió tras la implosión de la URSS.

Pero la sorpresa de fin de año llegó del aún no dimitido presidente Fidel Castro cuando manifestó, por primera vez desde su desaparición de la escena pública en julio de 2006, que abría la puerta al relevo generacional: "Mi deber elemental es no aferrarme a los cargos y mucho más obstruir el paso a las personas más jóvenes". Escepticismo en Miami, conmoción sorda en la nomenclatura cubana.

En Bolivia se dio una espiral de enfrentamientos, algunos violentos, que recuerdan a los que precedieron a las caídas de los dos presidentes anteriores. Se asiste a la emergencia de dos Bolivias: una más potente y rica en recursos, sobre todo Santa Cruz de la Sierra, y una pobre, de mayoría indígena. Una pide autonomía, la otra avanza a lomos de una nueva Constitución aprobada sin la mayoría necesaria por el boicot de la oposición, y que será sometida a un referéndum que se presiente explosivo. Ya se han hecho los primeros guiños al poder militar para que intervenga contra Evo Morales en un país con el triste récord mundial en golpes de Estado: más de uno por año desde la Independencia.

En Ecuador, Rafael Correa asumió el poder en enero y desde ese momento puso en marcha los mecanismos para convocar a una Asamblea Constituyente para la redacción de una nueva Constitución que siente  las bases del "socialismo del siglo XXI", frase acuñada por Chávez, cercano a Correa. Ganado el referéndum por abrumadora mayoría, el presidente ecuatoriano se enfrentó al Congreso donde su partido no tenía representación, pero logró neutralizarlo con ayuda de otros poderes.

La Constituyente de Correa tiende dos antecedentes recientes: la  venezolana de 1999, que aprobó la Carta sin que la escasa representación opositora pudiera hacer nada para moderar el proyecto de  Chávez y la boliviana, avalada por Morales en noviembre pero que desató una ola de violencia en Sucre que dejó muertos y heridos, y fue denunciada por la oposición como ilegal.

En Argentina, una mujer llegó por primera al poder por vía democrática: Cristina Fernández. Anunció una política económica con acento social. Antes de cumplir un mes en el cargo, se vio obligada a tomar distancias con Estados Unidos por acusaciones graves de financiación ilegal de su campaña por petrodólares del presidente Chávez. Su marido y predecesor, Néstor Kirchner, salió al quite con la virulencia de quien lleva años mordiéndose la lengua y dijo que era una nefasta operación de inteligencia de "funcionarios lamentables" estadounidenses como Roger Noriega, ex secretario de Asuntos Latinoamericanos.

En América Latina, constituyentes y populismos dejaron su huella.

POR ANTONIO ALBIÑANA

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