Retrato del presidente francés Nicolás Sarkozy, un líder fuera de serie

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Como es bien sabido, Cecilia volvió a reunirse con él. Su reencuentro tuvo como escenario los parajes tropicales de Guayana. Viajaron en piragua por el río Maroní. Y el 16 de mayo de 2006, ella y los hijos suyos con Sarkozy, además de los que tuvieron ambos en su primer matrimonio, entraron alegremente al Elíseo para la ceremonia de investidura. Todo parecía arreglado. "Hoy Cecilia y yo hemos vuelto a estar juntos de verdad -escribió él- y sin duda para siempre. Hablo de ello porque Cecilia me ha pedido que hable por los dos".

El desenlace es conocido. La realidad, por una vez, no acompañó sus palabras. Durante dos o tres meses la prensa empezó a registrar inesperadas ausencias de ella en ceremonias y compromisos donde no podía faltar: en casa de los Bush, en Bulgaria donde debía ser condecorada, en Marruecos. Finalmente la verdad se hizo pública. Todo acabó ante un juez, el 15 de octubre, cuando ambos con sus firmas dieron por terminado un matrimonio de 20 años. Hasta el último momento él quiso evitar este paso. Pero ella impuso su voluntad. No quería jugar el papel de primera dama. "Todo esto no es vida -le oyó decir una amiga- Aparece una tonelada de falsos amigos, y los verdaderos amigos desaparecen". "Es propio de su sangre española",  dijo alguien recordando que es la nieta del compositor Albeniz.

Como sea, un duro golpe para un hombre acostumbrado a triunfar. Amigo de las causas difíciles, ahora su reto es conseguir la liberación de Íngrid Betancourt y los demás secuestrados. Nada fácil, por cierto. Nuestros Pol Pot de las Farc son inmunes a las razones humanitarias, a la agonía de las familias de los secuestrados y a lo que expresa de manera unánime la opinión pública en Francia y Colombia. ¿Qué quieren? El notable filósofo francés Bernard-Henry Levy, que estuvo en el Caguán y habló con dirigentes de las Farc -"falsos revolucionarios y auténticos secuestradores", así los llama- estima que ni el dinero, ni siquiera el despeje por el despeje mismo les interesa. Quieren ser considerados como fuerza beligerante. No como terroristas aunque lo son y de la manera más bárbara. Si eso es lo que pretenden, tendrán que mostrar sus cartas. ¿Lo conseguirá Sarkozy? Será el primer paso en su nuevo empeño, que tiene como teatro Colombia, de hacer posible lo imposible.

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