Diciembre 5 de 2007

Frenazo a Chávez

Por primera vez en nueve años, la oposición en Venezuela tiene motivos para celebrar.

POR PRIMERA VEZ EN nueve años, la oposición en Venezuela tiene motivos para celebrar. Después de ocho consecutivas derrotas sacó fuerzas para atravesarse en el camino de la revolución bolivariana, que pretendía transformar el país en un modelo socialista. Para ponerle, al menos, un freno al vértigo con el que Chávez quería llevar a su país en esa dirección.

La inesperada derrota de Chávez en el referendo sobre la reforma de la Constitución le dio la vuelta al mundo y provocó toda una serie de interpretaciones. Para Michael Shifter, subdirector del Diálogo Interamericano, Venezuela no quiso ir a donde el Presidente quería llevarla. El país se asustó ante el prospecto de un líder con poderes ilimitados, perpetuado en el tiempo y con la agravante de coartar las libertades civiles y democráticas más básicas.

Otros, como Boris Segura de la firma inversionista Morgan Stanley, ve más un deterioro del régimen producto de la inflación -que se acerca al 20% anual- y al encarecimiento de productos de la canasta familiar.  "La gente que dice favorecer, es la  que más está sufriendo por sus políticas económicas", dice, y agrega: "Bill Clinton tenía razón cuando acuñó en 1991 la famosa frase Es la economía, estúpido. Cuando la gente no está satisfecha con sus condiciones de vida, culpa al Gobierno".

Habría que sumar el desgaste de la política exterior. En especial, su exceso de arengas e insultos contra líderes internacionales."Los venezolanos estamos cansados del estigma. Que todo sea 'o se está con Chávez o se está con Bush'. Chávez debe entender que no queremos más división, más agresiones. Debe entender que no estar de acuerdo no significa ser una lombriz, una serpiente o un lacayo del imperio", dice Teodoro Petkoff, director  del diario Tal Cual.

El agresivo discurso que tan buenos dividendos le dio a Chávez en el pasado se puede estar agotando. Así lo indica la última encuesta de Latinobarómetro en la cual ocupa, junto a Bush, casi el último lugar de popularidad entre líderes hemisféricos. Lo cierto es que hubo una convergencia de grupos en contra de Chávez: los estudiantes, la iglesia, las ONG de Derechos Humanos, la llamada "oposición" y hasta un sector del chavismo.

Pero esa página ya se pasó. Y la pregunta ahora es qué sigue para Venezuela, para Chávez y para el movimiento bolivariano. ¿Se mantendrá la ambiciosa diplomacia petrolera, la política exterior que busca influir en varios países del continente? José Miguel Vivanco, de Human Rights Watch -crítico acérrimo de Chávez- cree que en la arena internacional habrá un efecto dominó. "Líderes como Morales en Bolivia, Correa en Ecuador y Ortega en Nicaragua, que venían copiando su modelo, deben tomar nota. Esto fue un campanazo de alerta. Hay límites de la democracia que deben ser respetados".

En la arena doméstica el asunto es menos predecible. Según Vivanco de esto puede surgir un Chávez más conciliador o un Chávez más radicalizado. La lógica indica lo primero. Y sus primeros pasos, después de la derrota del domingo, también: no salió como un botafuego ni desconoció el resultado, a pesar del margen estrecho.

Lo que falta ver es si ha asimilado el mensaje que le envió, con claridad, el electorado. Que quiere un cambio de rumbo o, por lo menos, de la velocidad del cambio. Chávez tiró muy fuerte la cuerda de la tolerancia de los venezolanos. Y si algo quedó claro es que extralimitarse en la concentración de poder puede resultar costoso y hasta poner en tela de juicio la revolución.

Chávez quedó en situación difícil. Su movimiento está dividido, y se derrumbó uno de los pilares de su mandato: que el líder era todopoderoso. Chávez mismo, en su esfuerzo por que ganara el SÍ convirtió las elecciones del domingo en un plebiscito sobre su mandato, calificando como traidores a quienes se opusiera. Y lo perdió.  Lo cual implica una doble derrota: un rechazo a la reforma y una bofetada personal.   

Pero con Chávez nunca se sabe. "Si fuera cualquier otro, uno esperaría cambios. Pero este es Chávez. Él vive para el conflicto y tratará de conseguir lo que quiere", sostiene Petkoff, que ve en el futuro una gran batalla que Chávez, en cierto sentido, anunció al indicar que no cambiaría "una sola coma" de su reforma y al usar su ya famoso "no pudimos, por ahora", que volvió célebre tras su fracasada intentona golpista de 1992.

Y tiene cómo hacerlo. Muchos creen que tratará de impulsar los cambios a punta de decretos y leyes gracias a los enormes poderes presidenciales con los que ya cuenta y al control legislativo y judicial que ha ido construyendo en los ocho años que lleva en el poder. La derrota en el referendo, incluso, le puso en sus manos cartas valiosas para jugar en el gran ajedrez político. Argumentos, por ejemplo, para enfrentar a sus críticos en la comunidad internacional que lo acusaban de robar elecciones y de haber aniquilado todo vestigio de democracia. ¿Cómo se moverá ahora?

"Lo que se puede esperar de Chávez -escribió The Washington Post en su editorial de este martes- es que siga tratando de consolidarse en el poder". La diferencia es que ahora enfrentará a una oposición que cuenta con el apoyo de la mayoría. Con lo cual será crucial, para el futuro, el papel que ésta asuma y el uso que le dé a la valiosa lección aprendida el domingo: la idea de que sí se puede derrotar a Chávez por la vía electoral. ¿Logrará ahora, por fin, la coherencia que no ha tenido en los últimos años? ¿Alcanzarán la lucidez necesaria para evitar errores como el de la abstención en las elecciones del Congreso?

La situación de la gente seguirá siendo un reto para el Gobierno. Pese a la bonanza del petróleo, los problemas económicos están lejos de desaparecer. La inflación superará el 20% en 2008 y los precios de los alimentos más básicos seguirán creciendo si mantiene los controles impuestos a las importaciones.  

"Si la oposición es capaz de unirse en torno a la causa del restablecimiento de la democracia, puede que exista luz al final de este largo túnel al que Chávez arrastró a Venezuela", dice el editorial del Post. Lo cierto es que el Presidente perdió una batalla, que no es la guerra, pero que le impide seguir exactamente como venía.

¿TRIUNFO PÍRRICO?

El Presidente llamó "pírrico" el triunfo de sus opositores y prometió seguir adelante en su esfuerzo. Pero aunque el margen entre el SÍ y el NO fue muy estrecho (menos de 200.000 votos), entre las elecciones de diciembre del año pasado -cuando Chávez fue reelegido con más de siete millones de votos-, a las de este domingo, perdió tres millones de votos, en su mayoría el voto popular que tanto ha cultivado con reformas hechas a nombre del beneficio de los más pobres. Buena parte de la victoria del NO vino por cuenta del mismo chavismo, pues un gran segmento decidió no acompañarlo en esta ocasión, entre él la organización Podemos, parte de la coalición de gobierno que le puso casi un millón de sufragios en las presidenciales de 2006.

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