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Chávez quedó en situación difícil. Su movimiento está dividido, y se derrumbó uno de los pilares de su mandato: que el líder era todopoderoso. Chávez mismo, en su esfuerzo por que ganara el SÍ convirtió las elecciones del domingo en un plebiscito sobre su mandato, calificando como traidores a quienes se opusiera. Y lo perdió. Lo cual implica una doble derrota: un rechazo a la reforma y una bofetada personal.
Pero con Chávez nunca se sabe. "Si fuera cualquier otro, uno esperaría cambios. Pero este es Chávez. Él vive para el conflicto y tratará de conseguir lo que quiere", sostiene Petkoff, que ve en el futuro una gran batalla que Chávez, en cierto sentido, anunció al indicar que no cambiaría "una sola coma" de su reforma y al usar su ya famoso "no pudimos, por ahora", que volvió célebre tras su fracasada intentona golpista de 1992.
Y tiene cómo hacerlo. Muchos creen que tratará de impulsar los cambios a punta de decretos y leyes gracias a los enormes poderes presidenciales con los que ya cuenta y al control legislativo y judicial que ha ido construyendo en los ocho años que lleva en el poder. La derrota en el referendo, incluso, le puso en sus manos cartas valiosas para jugar en el gran ajedrez político. Argumentos, por ejemplo, para enfrentar a sus críticos en la comunidad internacional que lo acusaban de robar elecciones y de haber aniquilado todo vestigio de democracia. ¿Cómo se moverá ahora?
"Lo que se puede esperar de Chávez -escribió The Washington Post en su editorial de este martes- es que siga tratando de consolidarse en el poder". La diferencia es que ahora enfrentará a una oposición que cuenta con el apoyo de la mayoría. Con lo cual será crucial, para el futuro, el papel que ésta asuma y el uso que le dé a la valiosa lección aprendida el domingo: la idea de que sí se puede derrotar a Chávez por la vía electoral. ¿Logrará ahora, por fin, la coherencia que no ha tenido en los últimos años? ¿Alcanzarán la lucidez necesaria para evitar errores como el de la abstención en las elecciones del Congreso?
La situación de la gente seguirá siendo un reto para el Gobierno. Pese a la bonanza del petróleo, los problemas económicos están lejos de desaparecer. La inflación superará el 20% en 2008 y los precios de los alimentos más básicos seguirán creciendo si mantiene los controles impuestos a las importaciones.
"Si la oposición es capaz de unirse en torno a la causa del restablecimiento de la democracia, puede que exista luz al final de este largo túnel al que Chávez arrastró a Venezuela", dice el editorial del Post. Lo cierto es que el Presidente perdió una batalla, que no es la guerra, pero que le impide seguir exactamente como venía.
¿TRIUNFO PÍRRICO?
El Presidente llamó "pírrico" el triunfo de sus opositores y prometió seguir adelante en su esfuerzo. Pero aunque el margen entre el SÍ y el NO fue muy estrecho (menos de 200.000 votos), entre las elecciones de diciembre del año pasado -cuando Chávez fue reelegido con más de siete millones de votos-, a las de este domingo, perdió tres millones de votos, en su mayoría el voto popular que tanto ha cultivado con reformas hechas a nombre del beneficio de los más pobres. Buena parte de la victoria del NO vino por cuenta del mismo chavismo, pues un gran segmento decidió no acompañarlo en esta ocasión, entre él la organización Podemos, parte de la coalición de gobierno que le puso casi un millón de sufragios en las presidenciales de 2006.