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POR ANTONIO ALBIÑANA,
periodista y analista internacional.
LA CREACIÓN y el desarrollo a escala planetaria de las Organizaciones no Gubernamentales supuso uno de los fenómenos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Pero su misma extensión y poder, aunadas a una serie de corrupciones y confusión en el seno del movimiento, están a punto de "matarlas de éxito". Las más importantes ONG internacionales están planteándose una severa autocrítica.
El fenómeno, de raíz anglosajona, empezó a extenderse a partir de los años 60 hasta adquirir un protagonismo absoluto en el activismo social. Su fórmula Think globally, act locally renovó las formas de intervención con un gran apoyo entre los jóvenes y las gentes defraudadas de la política tradicional. Pero si bien sus redes aplican una flexibilidad que falta a los aparatos centrales de los partidos, por lo general sus estructuras no son democráticas y tienden a profesionalizarse y perpetuarse en sus cúpulas, creando una separación entre el voluntariado de base y los "núcleos duros".
En 1942 nació OXFAM (Oxford Comité for Famine Relief), la más veterana, con la Cruz Roja. Amnistía Internacional, cuyos informes conmueven cada año a Gobiernos de todo el mundo, fue fundada en 1961 por un grupo de juristas como "Organización Mundial en Defensa de los Derechos Humanos". En la ola de oposición a la guerra de Vietnam, nació Green Peace en Vancouver, Canadá.
Pero a partir de los años 80 se asistió al sometimiento de las grandes ONG a las lógicas mediáticas. La capacidad para "emocionar" al público, destaca el analista Armand Mattelart, dicta en ocasiones los temas y los lugares de acción. Para recoger fondos, las ONG hacen uso intensivo de los métodos de persuasión de la "comunicación lucrativa" y otras técnicas, en lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu llamó "El mercado mundial de la solidaridad" o el "charity bussines".
En su funcionamiento ha ido primando el interés que muchas ONG tienen en la mercadotecnia y la publicidad para obtener mayor visibilidad. En algunos casos, en desafortunada mezcolanza de buena fe solidaria y ansia de protagonismo, multitud de organizaciones se precipitan sobre la misma causa humanitaria con la consiguiente confusión de la población beneficiaria. Sucedió, por ejemplo en 2004, cuando el tsunami arrasó el delta del Ganges. Centenares de ONG de todos los pelajes y procedencias se presentaron en la zona, hicieron colapsar aeropuertos e impidieron que las más expertas funcionaran con eficacia y prontitud.
Por otra parte, en el panorama de la globalización, el tinglado de la "compasión solidaria" se organiza para atenuar situaciones de miseria, pobreza, problemas de salud, etc., sin ir a las causas reales de estas situaciones, provocadas en muchos casos por las multinacionales y algunas financiadoras de las ONG.