Septiembre 19 de 2007

Señales de alerta

Los atentados del 10 de septiembre en México hacen pensar en una alianza del narcotráfico y los grupos insurgentes.

¿SE TRATA DE LA RESURRECCIÓN de un movimiento guerrillero por el que hasta hace poco nadie daba un peso? ¿Es, acaso, un fenómeno aislado que, como en el pasado, se disipará con el tiempo? Quizás es un caso mucho más serio: el de la congruencia, como en Colombia, del narcotráfico y de otros factores de violencia que buscan desestabilizar el país.

Estas son algunas de las preguntas que han surgido en México tras los ataques ocurridos el pasado 10 de septiembre en el estado de Veracruz y que causaron seis explosiones, la voladura de 12 gasoductos y el cierre de más de 1.000 industrias, entre ellas Vitro, principal productor de vidrio del país, y Volkswagen.

Los ataques se los atribuyó el Ejército Popular Revolucionario, EPR, una oscura guerrilla que vio la luz a mediados de los 90 y que opera principalmente en el estado de Guerrero, al sur del país.

Es la segunda vez en menos de tres meses que el EPR se responsabiliza por actos de esta índole, con el argumento de que esos ataques hacen parte de una guerra del pueblo contra la oligarquía. En julio, voló un segmento del oleoducto que va desde Ciudad de México a Guadalajara, con lo cual forzó el cierre de al menos una decena de compañías, entre ellas Honda Motor Co., Kellogg Co. y  Hershey Co. 

Lo raro es que desde sus inicios, cuando se robó titulares por el  asesinato de una docena de policías, esta guerrilla había seguido la línea de su hermano mayor, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Es decir, mucha retórica pero poca práctica. Ahora que han multiplicado la práctica, los analistas intentan explicarlo con retórica.

Y son diversas las hipótesis que se han comenzado a tejer.

Algunos creen que los recientes ataques son una protesta armada contra el nuevo gobierno mexicano de Felipe Calderón. Veterano militante del derechista Partido Acción Nacional (PAN), llegó a la Presidencia en julio del año pasado con un estrecho margen de 0,56% sobre su principal rival, el candidato de centro-izquierda Andrés Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD).  Las elecciones han sido fuertemente criticadas por supuestas irregularidades en el proceso de votación y la izquierda, en resumidas cuentas, cree que fue robada. 

Como presidente, Calderón enfrenta grandes tensiones en el Congreso, donde muchos aún no reconocen su victoria. En contraste, el  nuevo mandatario, quien asumió su cargo en diciembre de 2006, es visto con simpatía por las clases medias, altas y por los empresarios. Por lo tanto, podría ser un blanco natural para el EPR, que defiende la toma del poder, la instauración de la dictadura del proletariado y la construcción del socialismo en México a través de la vía armada.

 Una segunda teoría apunta al renacimiento de la izquierda en el contexto internacional. Vladimir Putin, en Rusia, aboga por el regreso a los "tiempos mejores" de la ex Unión Soviética,  mientras que la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez, en Venezuela, ha tenido gran resonancia a lo largo de todo el hemisferio Occidental. No es extraño, entonces, que grupos de izquierda de corte marxista leninista se sientan estimulados y hayan decidido pasar a desempolvar sus fusiles.

 En Ecuador, por ejemplo, las autoridades hallaron recientemente pertrechos, mochilas y algunos escritos con contenido subversivo en una zona conocida como Sabalito, en la provincia de Esmeraldas, al noroeste del país. El diario Expreso, por su parte, sostiene que en este país "hay dos organizaciones guerrilleras que actúan en conjunto con la guerrilla de las Farc. Se trata de la Organización Político Militar (OPM) y de la Juventud Comunista del Ecuador (JCE)". Se dice, incluso, que el primer grupo está muy bien estructurado.

Y aunque el Gobierno ecuatoriano ha desmentido los rumores, aún se especula al respecto. Le teoría, si bien tiene algo de lógica, carece de sentido si se tiene en cuenta que si algo ha demostrado esta nueva izquierda es que puede llegar al poder por la vía de las urnas. Si no, que lo digan en Buenos Aires, Santiago, La Paz, Managua, Quito o Caracas.

Una tercera hipótesis sostiene que la reactivación del EPR podría obedecer a un matrimonio con los poderosos carteles de la droga en México. Así lo afirman analistas por el diario estadounidense Dallas Morning News. "Si los ataques perpetrados en julio indicaban solo un cambio de logística y táctica del EPR, los del 10 de septiembre son una alarma de color rojo que indica que, como en Colombia, están coordinando sus acciones con los carteles de la droga y los grupos de crimen organizados que están involucrados en secuestro y extorsión", dice el diario.

Ernesto Mendieta, director de la firma de seguridad Aquesta Terra, de México, sostiene que el modus operandi del EPR hace pensar en esta siniestra relación. Según el analista, es claro que el grupo tiene contacto con narcotraficantes puesto que en las montañas al sur de Guerrero y Oaxaca (bases del EPR) se cultiva marihuana y opio.

Es posible que los carteles, al fortalecer a grupos como el EPR, busquen desviar la atención -y los recursos- de las autoridades que la han emprendido contra los traficantes de droga en el norte del país, especialmente ahora que México y Estados Unidos han comenzado a discutir una estrategia conjunta similar al Plan Colombia, para combatir el narcotráfico.

Todos los posibles escenarios generan preocupación. Pero no hay duda que el tercero es el más peligroso. Colombia es el mejor ejemplo de lo que puede pasar cuando el narcotráfico y los grupos irregulares optan por combinar sus fuerzas en el intento de someter al Estado a sus caprichos y sus horrores. 

DE DÓNDE SALIÓ

El  Ejército Popular Revolucionario (EPR) surgió el 28 de junio 1996 en el estado sureño de Guerrero, cuando se cumplía un año de la muerte de 17 campesinos  a manos de la Policía en Aguas Blancas. Se cree que tiene menos de 1.000 miembros y es heredero de la guerrilla mexicana de corte marxista leninista de los años 70. En sus estatutos defiende la nacionalización de la banca, los medios de comunicación, los recursos naturales y la prestación de servicios como transporte, salud y educación. Aunque ha desarrollado actividades clandestinas en una decena de estados, tiene sus bases principales en el sureste del país, en Chiapas, Guerrero y Oaxaca. Antes de los ataques perpetrados entre julio y septiembre, el grupo se caracterizaba por realizar pequeños actos de vandalismo contra cuarteles de policía y otras instituciones del Gobierno. En ocasiones se ha unido con otros grupos de izquierda para hacer estallar pequeños explosivos en Ciudad de México, pero nunca de la magnitud de los atentados recientes.

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