EL MIÉRCOLES de la semana pasada, el panorama informativo mundial dio un vuelco de grandes proporciones. Ese día se concretó la venta del grupo editorial Dow Jones al controvertido magnate de la prensa Rupert Murdoch. La principal consecuencia del negocio es que el multimillonario australiano quedó con el control del rotativo conservador The Wall Street Journal, que no solamente es el principal diario económico del mundo sino el segundo periódico de Estados Unidos en cuanto a circulación se refiere, superado únicamente por el USA Today y por encima de The New York Times, The Washington Post y Los Angeles Times.
Murdoch llevaba cuatro meses forcejeando para hacerse con el diario, pero encontró la resistencia de la familia Bancroft, propietaria del 64% de las acciones de Dow Jones. Buena parte de los miembros del clan, que por un siglo ha dominado el Journal, se opusieron inicialmente a venderle el rotativo al magnate con el argumento de que se iba a perder la independencia editorial. Buscaron otros posibles compradores como Bill Gates y Warren Buffet, que no se mostraron interesados. Pero los 5.600 millones de dólares que ofreció Murdoch y la creación de un comité independiente para controlar la línea de pensamiento de The Wall Street Journal los llevó a cambiar de opinión.
Puede que no consigan lo que esperaban. Murdoch, ahora de 76 años, ha construido un imperio mediático con intereses políticos y comerciales avaluado en 69.000 millones de dólares. Nacido en Australia, graduado en Oxford y considerado como la versión inglesa del Ciudadano Kane, es dueño del mítico diario londinense The Times y de los tabloides sensacionalistas británicos The Sun y News of the World. También es dueño del canal estadounidense Fox News y de los estudios en Hollywood de la 20th Century Fox.
Como quiera que sea, es probable que la transacción de la semana pasada suponga, como editorializó el diario madrileño El País, "el triunfo de una forma de entender la información como instrumento al servicio de una ideología". Una ideología que, según añade el rotativo español, incluye "el apoyo explícito a la política del presidente George W. Bush" y que "vuelve a suscitar la cuestión de la independencia de los medios de información frente a los accionistas y frente a los Gobiernos". Y eso es inquietante.