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El problema es que un giro de esas características es de poca monta para lo que esperan los amigos de la democracia y de las libertades. Como sostiene James McKinley en The New York Times, "Raúl Castro ha decepcionado a muchos cubanos que aguardaban cambios significativos una vez llegara al poder. Pero él siempre ha volteado a mirar a su hermano y carece de la capacidad política para adoptar ciertas acciones".
Fidel influye de distintas formas en su hermano Raúl. En primer lugar, en los encuentros que sostienen cuando se trata de tomar decisiones clave. En segundo término, en las columnas de prensa que sobre temas variados escribe en el diario oficial Granma desde hace cuatro meses (lleva 31). Sea como fuere, lo cierto es que, como ha dicho el experto Jorge I. Domínguez, que es profesor de la Universidad de Harvard, "el mayor impacto de Fidel Castro en Cuba no se demuestra en sus escritos sino en que está vivo, lo cual impide que Raúl y los demás dirigentes tomen acciones de más calado".
Así las cosas, todos los indicios apuntan a que en Cuba sólo habrá cambios drásticos cuando fallezca Fidel Castro. Parece increíble que un régimen haya llegado a tener ese sello tan personal. Pero los acontecimientos del último año dejan claro que a la isla no le aguarda un destino diferente.
¿ELECCIONES SIN FIDEL?
Los cubanos se disponen a votar en unas nuevas elecciones parlamentarias a comienzos del año próximo. De allí saldrán los congresistas que eligen al presidente del Consejo de Estado, que hasta ahora ha sido Fidel Castro. La pregunta que se formula El País de Madrid es si en los comicios se reelegirá a Fidel, si Raúl tomará el mando o si se "consagrará definitivamente el relevo, con dirigentes más jóvenes en la cúspide". Los ciudadanos tienen la palabra, aunque por supuesto, no deben esperar muchas sorpresas.